El despiste eterno Gabinete para el tratamiento
del Trastorno de Déficit de Atención
con Hiperactividad y otros problemas psíquicos
Ahora que acaba
de comenzar el curso escolar, puede que padres
y profesores se fijen más en determinados
niños que no paran quietos, que rompen
cosas, que no prestan atención a lo que
se les dice, que no terminan nada de lo que empiezan
y que, en definitiva, presentan una conducta antisocial
que les convierte en chiquillos molestos.
Antes de perder los nervios, conviene analizar
estos comportamientos, porque se puede tratar
de niños que padecen Trastorno de Déficit
de Atención con Hiperactividad, lo que
clínicamente se conoce como TDA-H. Este
problema padece un tremendo desconocimiento, lo
que dificulta enormemente su diagnóstico
y posterior tratamiento, pues a los afectados
se les toma por traviesos o directamente por niños
malos.
Según el profesor Manuel García,
director técnico del grupo Albor-Cohs -gabinete
constituido en 1983 para tratar éste y
otros problemas psicológicos-, la incidencia
de la hiperactividad se sitúa en España
en torno al 3% ó 4% de los niños,
pero las cifras exactas no se conocen porque no
hay criterios válidos de diagnóstico.
Y es que al déficit de conocimiento científico
se suma el desacuerdo de los especialistas que
tratan este tema: neurólogos, psiquiatras
y psicólogos.
Aún así, se ha podido llegar a
una definición de lo que significa ser
un TDA-H. La hiperactividad es un trastorno del
comportamiento que impide fijar la atención
en algo durante un tiempo prolongado, a pesar
de que interese al que lo padece. A eso se une
una actividad motriz constante y desordenada.
Se tienen referencias de este trastorno desde
hace muchos años, pero las causas aún
no están del todo claras. Sí se
sabe que tiene una base biológica (casi
siempre accidentes perinatales, como falta de
oxigenación cerebral durante el parto o
fiebres muy altas en los primeros meses de vida)
y componentes psicosociales.
En cualquier caso, se trata de una disfunción
cerebral mínima que afecta a los mecanismos
reguladores de la atención. Los hiperactivos
tienen la necesidad de moverse continuamente para
mitigar la sensación de malestar que se
produce en su cerebro cuando prestan atención
a algo durante un tiempo. Los movimientos que
realizan son, según palabras del profesor
García, «una manera de autoestimularse
y conseguir un funcionamiento normal de su cerebro».
El problema es que un niño que no para
de moverse es castigado y regañado por
todo el mundo, lo que en casos de TDA-H supone
empeorar el problema. «Un niño no
puede desarrollarse equilibradamente si constantemente
recibe críticas. Hay que tener en cuenta
que estos críos actúan sin maldad»,
dice García.
Los estimulantes .
El primer paso para tratar a un hiperactivo es
realizar un diagnóstico correcto y no meter
en el mismo saco a niños con estrés
y a los que tienen otros trastornos de conducta,
pues los tratamientos difieren totalmente. De
hecho, a los chavales que padecen estrés
se les trata con ansiolíticos y, a los
hiperactivos, con estimulantes capaces de regular
su actividad cerebral para que se muevan menos
y focalicen la atención.
En EEUU, diversos estudios demuestran que estos
estimulantes, en dosis adecuadas, están
dando resultados muy alentadores. Con respecto
al tema de la medicación, el profesor Manuel
García se muestra cauto: «ciertos
fármacos son efectivos y representan un
recurso mientras se abren otras vías de
tratamiento. Pero no son la única solución».
El objetivo final es que los afectados por este
trastorno no tengan que vivir siempre pendientes
de pastillas, porque sí está claro
que la hiperactividad es algo que se arrastra
toda la vida. De lo que se trata es de convivir
y saber llevar este problema que, si bien es molesto,
no es grave. Para conseguirlo es fundamental el
asesoramiento de padres y profesores por parte
de personal especializado, además de poner
en marcha una serie de pautas y de técnicas
que ayuden al hiperactivo y a los que le rodean.
Pequeños trucos, como nombrar al niño
ayudante de clase, encargarle recados y permitir
que realice sus tareas en varias etapas son esenciales
para que el niño se desarrolle con normalidad.
«Hay que enseñar a las familias y
a los profesores lo que estos niños pueden
o no pueden hacer. Son niños diferentes,
pero no menos valiosos», aclara Manuel García.
Martín
de Zamora 4602 Las Condes - Santiago - Chile Fonos 206.06.72 -
228.49.76 Fax 207.18.92 ceril@ceril.net