Evaluación del Lenjuage. Artículo
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La palabra evaluación
se emplea con múltiples significados, lo
cual establece que es un término muy utilizado,
incluso en aquellas ocasiones que debería
utilizarse el término "medición".
Evaluar implica un procedimiento intencionado,
funcional, sistemático, continuo e integral,
destinado a obtener informaciones sobre los diversos
aspectos. En síntesis, la evaluación
es un proceso en sí mismo, mientras que
la medición es el acto de un proceso.
En su más amplio sentido, señala
D'Agostino, G. (1991), el término de evaluación,
con independencia del campo en que se aplica,
se vincula estrechamente con el hecho de juzgar
el valor de algo: características de las
personas, procesos, cosas, fenómenos, sistemas,
ideas, situaciones, otros, y de atribuirle o negarle
grados de mérito y de calidad.
De lo anterior, se desprende que la evaluación
se realiza mediante una variedad de pasos: establecimiento
del procedimiento de evaluación, determinación
de la técnica de medición, valoración
de instrumentos y respuestas, para finalmente
establecer opciones y tomar decisiones.
Evaluación Logopédica.
Según Ana María Gotzens (2000),
"La evaluación del lenguaje de un
sujeto puede realizarse en diferentes momentos
y con el fin de cubrir diferentes objetivos".
De acuerdo con Acosta y Moreno (1999), los profesionales
que se ocupan de la intervención en el
lenguaje, han venido trabajando en situaciones
descontextualizadas, donde las estructuras lingüísticas
han sido enseñadas sin tener en cuenta
muchos aspectos relacionados con su contenido
y uso. Se ha dedicado demasiado tiempo a pasar
test o a recopilar datos sin tener en cuenta los
contextos naturales donde se manifiesta el lenguaje.
Por ello, cada día se hace más necesario
recoger datos en situaciones ecológicas,
donde se pueda observar y registrar el sistema
lingüístico en su totalidad.
Para realizar una correcta evaluación
del lenguaje es básico un buen nivel profesional
y capacidad de comunicación. Aunque aquí
interesa el conocimiento en profundidad del lenguaje,
esta evaluación debe hacerse en el marco
de una visión global del niño (sujeto),
teniendo en cuenta los aspectos psicopedagógicos
y sociofamiliares de éste, pues el lenguaje,
por importante que sea, es un componente más
entre otros muchos, y sería un error analizarlo
en forma aislada.
Por todo esto se puede afirmar que es indispensable
dentro de la evaluación logopédica,
contemplar al niño (a) y el lenguaje en
su totalidad; para tomar las decisiones más
ajustadas a las necesidades del mismo.
Sea cual sea el objetivo, la evaluación
del lenguaje es un proceso dinámico que
exige una continua formulación de hipótesis
y su posterior verificación. Según,
Gotzens (2000), para llevar a cabo con éxito
esta misión se requieren diversas habilidades
y conocimientos, entre los que cita:
Equilibrio entre extensión y brevedad.
La evaluación del lenguaje no debe ser
excesivamente larga en el tiempo ni exhaustiva
respecto a todos y cada uno de los elementos lingüísticos.
Lo cual exige elegir los elementos fundamentales,
los más significantes tanto para el diagnóstico
diferencial como para el futuro enfoque reeducativo.
Poseer un buen conocimiento del desarrollo del
lenguaje.
Considerar todos los diferentes instrumentos
y formas de evaluación. Generalmente, se
utiliza la observación, el registro y análisis
de producciones verbales, las pruebas y los test.
Es altamente recomendable disponer de una grabación
en vídeo.
Evaluar además, tanto la expresión
como la comprensión. Lo cual no es una
tarea fácil.
Tener conocimiento amplio de la clasificación
y del contenido de las diferentes patologías
del habla y del lenguaje, así como de sus
posibles etiologías.
Crear un clima de confianza, de relajación
de deseo de expresarse y comunicarse por parte
del sujeto.
Aspectos a considerar dentro de la evaluación
logopédica:
Entrevista familiar: la cual nos permitirá
conocer la historia personal del niño (sujeto)
y debe ser complementada con la entrevista al
propio niño. Debe contemplar áreas
medicobiológicas y de salud, aspectos psicológicos
y de tipo educativo.
Evaluación de la etapa preverbal: es básico
recordar que existe un período preverbal
en que el adulto y el niño van construyendo
un entramado, de forma interactiva, que permite
una serie de pasos encaminados a que un día
el niño comprenda el significado de las
palabras y un poco después se exprese mediante
éstas.
Evaluación de la fonética y la
fonología: en la evaluación de la
pronunciación, se persigue un objetivo
fundamental; conocer la ley o leyes que rigen
la forma de hablar del sujeto. Debemos llegar
a conocer cómo articula, cuándo
y por qué lo hace así. De tal forma
se podría distinguir entre posibles dislalias
fonéticas y/o fonológicas.
Lo anterior lo refuerzan Acosta y Moreno (1999),
cuando citan: "Durante los últimos
años, la discusión principal sobre
el contenido de la evaluación fonológica
se ha polarizado en dos aproximaciones: la fonética
y la fonológica. Sin embargo, esta dualidad
debe quedar hoy superada, integrando en el proceso
de evaluación tanto el análisis
fonético como el fonológico".
Evaluación de la morfología: se
recurre aquí al registro y análisis
de muestras de lenguaje espontáneo (conversación,
descripción y narración).
Evaluación de la sintaxis: se pueden utilizar
producciones verbales del propio niño (sujeto).
Evaluación de la semántica: para
tal comprobación se pueden realizar frases
dichas por el logopeda, en las que el niño
descubra y analice el error.
Evaluación de la comunicación:
este aspecto debe valorarse desde el primer momento
y a lo largo de las sesiones de evaluación.
Es de especial interés observar qué
recursos extralingüísticos utiliza
el niño para hacerse entender.
Otros aspectos que deben observarse son el lenguaje
corporal, la expresión facial y la corporal.
Conceptos de espacio y tiempo, lenguaje escrito,
sistemas alternativos o aumentativos de la comunicación.
La meta global de la evaluación será,
descubrir tanto las competencias como las dificultades
más importantes que tiene el niño
para expresar y entender el contenido de su lengua.
Puyuelo (2000), sostiene que la evaluación
y el diagnóstico de los problemas del lenguaje
han registrado una evolución significativa.
La evaluación del lenguaje no es la aplicación
de unas pruebas más o menos elaboradas,
sino sobre todo una actitud de búsqueda
por parte de un profesional. El "especialista
en lenguaje", además de administrar
las pruebas, debe saber situar los resultados
con relación al contexto y a los aspectos
particulares de cada caso para:
- Decidir si hay o no problema (alteración)
de lenguaje.
- Valorar si este problema afecta a todos los
componentes del lenguaje o sólo a algunos
de ellos.
- Estudiar la significación que tiene
este trastorno con relación a una persona
en concreto, con una historia personal y educativa
determinadas.
- Valorar la necesidad de llevar a cabo la intervención
del lenguaje.
- Pronosticar y diagnosticar el caso.
- Decidir en qué aspectos se basará
la intervención.
- Considerar los interrogantes pendientes y
tenerlos en cuenta en el proceso posterior.
Existen nuevos enfoques filosóficos y
teóricos que sustentan la evaluación
del lenguaje, desde otra perspectiva, especialmente
se destaca:
Nuevos modelos teóricos en relación
con la adquisición del lenguaje (en el
niño) y nuevos modelos en relación
con la evaluación del lenguaje en niños
y adultos.
Importancia del medio físico, social,
cultural e histórico en relación
con el lenguaje del individuo.
Importancia en la atención temprana en
niños, pero también en adultos,
incluyendo todo el ciclo vital y de manera especial
el deterioro del lenguaje en la tercera edad.
La formación especializada y el reciclaje
del evaluador es muy importante, en especial el
conocimiento de la evolución del lenguaje
normal y de las diferentes técnicas de
evaluación.
La evaluación no depende tanto, como en
épocas anteriores, de la valoración
subjetiva del clínico, sino de todo un
proceso en el que se combina la entrevista, la
observación, la administración de
pruebas, la evaluación continuada, el pronóstico
y la necesidad de que todo ello sirva para elaborar
un plan de intervención adaptado a la persona.
Finalmente se considera de un gran valor sustancial,
llevar a cabo una evaluación completa del
lenguaje; con miras a tomar decisiones y acciones
correctas, para conseguir el éxito de la
intervención terapéutica.
Bibliografía de apoyo.
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del lenguaje en ambientes educativos. Barcelona,
España. Editorial Masson, S.A.
Barzote, A. y Retana, C. (s.f.) ¿Qué
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de edad" (BELE) con niños y niñas
costarricenses de 4 a menos de 10 años
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Tesis para optar el grado de licenciatura en Trastornos
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Dockrell, J. y Mc. Shine J. (1997). Dificultades
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Karmel, L. (1986). Medición y evaluación
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Francisco Méndez Óleo.
Puyuelo, M. (2003). Manual de Desarrollo y Alteraciones
del Lenguaje. Barcelona: Editorial MASSON.
Santiuste, V. y Beltrán, J. (1998). Dificultades
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Síntesis.
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