por
Nathalia Calderón Astorga, Licda. Natalia
Calderón Astorga. M.Sc. Terapeuta del
Lenguaje Oral y Escrito. Especialista en Dificultades
del Aprendizaje. PEDAGOGA. Administradora
Educativa. Universidad Nacional de Costa Rica
- Universidad Católica de Costa Rica
Desarrollo del Lenguaje y Detección
de sus Trastornos en el Niño y la Niña
Introducción
El medio fundamental de la comunicación
humana es el lenguaje oral, la voz y el habla,
que le permiten al individuo expresar y comprender
ideas, pensamientos, sentimientos, conocimientos
y actividades. El lenguaje hablado se da como
resultado de un proceso de imitación y
maduración a través de la riqueza
de estímulos que existen en el ambiente.
La adquisición del lenguaje oral se concibe
como el desarrollo de la capacidad de comunicarse
verbal y Iingüísticamente por medio
de la conversación en una situación
determinada y respecto a determinado contexto
y espacio temporal. Al efectuarse un balance,
de una serie de producciones es esencial hacer
intervenir el contexto lingüístico
y extralingüístico del intercambio
verbal, del tema de conversación, las actitudes
y motivaciones de los participantes, al igual
que las informaciones sobre la organización
formal de los enunciados y las palabras que lo
componen.
Las investigaciones recientes sobre el desarrollo
del niño (a) y un mejor conocimiento de
los factores de riesgo permiten actualmente, la
detección precoz y la prevención
de un retraso en el desarrollo del lenguaje.
En el lenguaje se incluye una vertiente recepción-comprensión
y una vertiente expresión. El desarrollo
de la comprensión precede siempre al de
la expresión. Para la comprensión,
solo existen algunas semanas de variación
de un niño al otro, mientras que para la
expresión las variaciones inter-individuales
pueden alcanzar varios meses.
En su sentido más amplio, el lenguaje
oral puede describirse como la capacidad de comprender
y usar símbolos verbales como forma de
comunicación, o bien se puede definir como
un sistema estructurado de símbolos que
cataloga los objetos, las relaciones y los hechos
en el marco de una cultura. Al ser el lenguaje
más específico de la comunicación,
se afirma que es un código que entiende
todo aquel que pertenece a una comunidad lingüística.
Puyuelo, M. (1998), define el lenguaje como una
conducta comunicativa, una característica
específicamente humana que desempeña
importantes funciones a nivel cognitivo, social
y de comunicación; que permite al hombre
hacer explicitas las intenciones, estabilizarlas,
convertirlas en regulaciones muy complejas de
acción humana y acceder a un plano positivo
de autorregulación cognitiva y comportamental,
al que no es posible llegar sin el lenguaje.
Empero para que el lenguaje se desarrollo de
una forma armoniosa y adecuada, deben darse ciertas
condiciones fundamentales:
CONDICIONES DE DESARROLLO DEL LENGUAJE
El lenguaje oral es parte de un complejo sistema
comunicativo que se desarrolla entre los humanos.
Los estudiosos han llamado al desarrollo del lenguaje
en el niño (a) "desarrollo de la competencia
comunicativa". Este proceso comienza ya desde
las primeras semanas de un bebé recién
nacido, al mirar rostros, sonrisas y otros gestos
y al escuchar las interpretaciones lingüísticas
dadas por el adulto.
Estas verbalizaciones son de extrema importancia
para crear un desarrollo posterior. Durante el
proceso de desarrollo lingüístico
evolucionan diferentes capacidades comunicativas
como son la intencionalidad, la intersubjetividad,
es decir, transmitir y compartir un estado mental;
la reciprocidad, que es participar en un protodiálogo
(el niño llora, la madre responde tomándolo
en brazos, acariciándolo, hablándole)
para culminar en las llamadas rutinas interactivas
donde el adulto y niño (a) participan en
juegos de dar y tomar insertando vocalizaciones.
Se observa como el lenguaje oral parte de una
dimensión social y atraviesa por un continuo
proceso de refinamiento.
El primer año de vida resulta crucial
en el aprendizaje del lenguaje. A lo largo de
este periodo, el bebé afina, gracias a
su experiencia creciente, toda una serie de capacidades
de base que le permiten interactuar intencionalmente
a un nivel preverbal con el adulto.
Generalmente se considera que el (la) niño
(a) empieza a hablar hacia los 12 meses, cuando
produce sus primeras palabras. Empero, la comunicación
en el sentido más amplio de la palabra,
parafraseando a Rondal, J. (2003), empieza mucho
antes, ya que desde el mismo momento de su nacimiento
el bebé tiene la capacidad de comunicarse,
de percibir los estímulos auditivos, de
llorar, gemir y por último, producir sonidos
que tienen valor de comunicación y que
equivalen a manifestaciones de sus deseos, expectativas
y sensaciones; pasa, por tanto, de una forma global
de expresión y de comunicación (en
la que participa todo el cuerpo), a una forma
diferenciada que recurre a la actividad vocal,
sobre un fondo de expresión y comunicación
gestual que implican el inicio de comprensión
verbal.
A lo largo de los 15 primeros meses de la vida
del bebé tiene lugar una importante evolución
de la actividad vocal y perceptiva. A nivel productivo,
el fenómeno es comparable con lo que ocurre
a nivel receptivo, el niño pasa del estado
de balbuceo indiferenciado a la emisión
exclusiva de fonemas pertenecientes a la lengua
materna. Hacia los 6 u 8 meses de edad, el niño
empieza a tener un cierto control de la fonación
y, de manera bastante clara, también a
nivel de la prosodia.
Para Puyuelo, M. (1998), la adquisición
del lenguaje oral por parte del (de la) niño
(a) surge a partir de la comprensión de
intercambios previos, por lo tanto se adquiere
a través del uso activo en contextos de
interacción. Lo anterior significa que
el aprendizaje del lenguaje oral en el niño
no se produce de forma aislada sino que existe
una relación entre el contenido, la forma
y el uso del lenguaje. Cuando el niño aprende
el lenguaje necesita conocer a las personas, objetos
y eventos, así como las relaciones que
se dan entre ellos, ya que para dar cuenta del
contenido del lenguaje precisa de aprender a reconocer
los diferentes contextos para múltiples
propósitos.
Existe un acuerdo general entre los especialistas
del lenguaje de que, salvo excepciones, es posible
que un niño (a) hable bien hacia los tres
años de edad. Para que se produzca esta
situación han de darse varias condiciones:
normalidad de los órganos lingüísticos,
tanto receptivo (capacidad auditiva o visual y
cortical), como productivos (capacidad de ideación
y capacidad articulatoria). También la
exposición del (de la) niño (a)
a un contexto socializador y lingüístico
adecuado, así como el desarrollo de un
entorno comunicativo que suponga un continuo estímulo
de los adultos hacia el niño generando
las respuestas adecuadas. Lo que implica tener
desde el nacimiento estructuras neuromotrices
sensoriales -mentales normales y conservarlas
a lo largo de su desarrollo.
Factores auditivos
Es indispensable una buena audición para
una buena recepción del mensaje hablado.
La ausencia de aparición del balbuceo y
del lenguaje a una edad determinada deberá
sistemáticamente hacer presumir dificultad
auditiva importante.
Factores visuales
Ver bien es fundamental para la organización
de la comunicación. Las miradas recíprocas
desencadenan y mantienen la comunicación.
Las expresiones del rostro y los gestos acompañan
naturalmente al lenguaje.
Factores neurológicos y cógnitivos
Una integridad neurológica y las suficientes
capacidades intelectuales son indispensables para
el desarrollo del lenguaje. Las habilidades cognitivas
y las competencias lingüísticas están
estrechamente ligadas.
Factores ligados a las interacciones
padres - hijos
El niño se comunica de muchas formas (mímica,
sonrisas, voz, lloros). Esta aptitud es particularmente
importante en la medida en que prefigura la función
social del lenguaje. Desde las primeras semanas
de vida, la madre considera a su bebé como
un verdadero interlocutor al que atribuye intenciones
de comunicación. Los gritos, la vocalización,
la mímica y los movimientos no verbales
son interpretados por la madre como que tienen
sentido. La madre es muy receptiva a todos estos
comportamientos y responde de manera verbal y/o
mimo-gestual. Esto tiene por efecto reforzar algunas
actitudes del bebé, actitudes que, retomadas
por la madre, son insertadas en una "conversación"
donde el bebé experimenta alternativamente
los tiempos de palabra y de escucha.
Desde los primeros meses, el niño y la
niña multiplican experiencias perceptivas
a través de lo que ven, de lo que entienden,
de lo que tocan, de lo que huelen y de lo que
prueban. Sus padres, al comentar sus experiencias,
le ayudan a organizar su entorno, su relación
con las personas, los objetos y las acciones.
Conforme el niño (a) se vuelve más
hábil en el plano motor, van surgiendo
los nuevos comportamientos interactivos y mentales.
Entre los comportamientos no verbales manifestados
por los bebés, está la puntería
(apuntar con el dedo) aparece a la edad de los
9 meses. Hacia los 12 meses, este comportamiento
ha adquirido una función social de comunicación.
El niño apunta con el dedo con la intención
de atraer la atención de la madre sobre
ciertos elementos del entorno. La madre responde
nombrando al objeto o el acontecimiento apuntado
con el dedo por el bebé ("sí,
es el perro"). Este procedimiento que permite
a la madre y al niño estar "en sincronía"
es la base de todo diálogo futuro ya que,
para que este se desarrolle eficazmente, ambos
interlocutores deben atraer su atención
en un objeto o un acontecimiento común
para poder "hablar" sobre ello juntos,
es lo que denominamos atención conjunta.
Siguiendo el desarrollo, el niño está
en disposición de experimentar comportamientos
sociales cada vez más amplios o sofisticados
sobre los planos motores, de relación y
cognitivos. Los procesos de adaptación
de la madre a los comportamientos del bebé,
que son totalmente inconscientes, permiten de
esta forma, en todas las etapas del desarrollo,
un ajuste progresivo.
El papel de la madre en esta fase es esencial.
Precisamente es en su capacidad de dejarse guiar
por el bebé donde reside la comunicación
prelingüística. Esta constituye un
marco propicio para el desarrollo del lenguaje
ya que es en este contexto privilegiado de diálogo
y de placer compartido que las primeras vocalizaciones
serán interpretadas por la madre y adquirirán
sentido.
Las interacciones precoces son un pre-requisito
para el desarrollo del lenguaje, pero no son suficientes
para guiar al niño hacia la asimilación
de un sistema lingüístico. El desarrollo
del lenguaje supone la integridad de las capacidades
sensoriales y cognitivas del lactante. Las primeras
palabras aparecen entre los 12 y los 18 meses
y hacia los 24 meses, la mayoría de los
niños empiezan a combinar dos palabras
para formar sus primeras frases.
Pautas del desarrollo
Dadas estas condiciones, el proceso de desarrollo
del lenguaje transcurre por etapas que comienzan
por un desarrollo prelingüístico,
como se mencionó anteriormente, que requiere
de:
-Mecanismos internos propios del niño.
-Experiencia que en cierto modo posea un
sentido para el niño.
-Facultades de atención (capacidad
de centrar la información para que
resulte más relevante para un determinado
objetivo).
-Experiencia interactiva para desarrollarse.
Todas estas condiciones hacen posible que se
procesen los datos sensoriales a través
de los cuales se van integrando los elementos
del código lingüístico, requisitos
para la comprensión del lenguaje. Además,
para que el proceso de adquisición del
lenguaje oral se desarrolle adecuadamente, debe
haber una buena disponibilidad para la comunicación
tanto física como psicológica entre
el niño y las personas que interactúan
con él, por ello el lenguaje que sirve
de modelo al niño debe cumplir por lo menos
con dos condiciones:
-Darse a nivel expresivo, iniciando intercambios
conversacionales, y a nivel receptivo, respondiendo
adecuadamente a las emisiones hechas por el
niño (a).
-Una valiosa game frases gramaticales correctas.a
d
Es necesario recordar siempre que el desarrollo
del lenguaje en el (la) niño(a) puede darse
con diferentes ritmos de evolución. No
todos los (las) niños (as) empiezan a la
misma edad ni coinciden en el momento de finalizar
el proceso, pero dentro de esta variedad, hay
unos márgenes dentro de los cuales se habla
de "normalidad".
La principal herramienta que tiene el bebé
para lograr sus fines, es otro ser humano familiar;
una respuesta social negativa a sus iniciativas
resultaría perjudicial.
La evolución del lenguaje oral en el (la)
niño (a) pasa por grandes y diversas etapas
que van desde su nacimiento hasta el ingreso a
la escuela.
Según Puyuelo, M. (2000), la ontogénesis
del lenguaje oral indica que cualquier iniciativa
de evaluación en esta área va invariablemente
ligada al desarrollo, dentro del que se distinguen
varios períodos de adquisiciones lingüísticas:
adquisiciones prelingüística, lenguaje
no combinatorio, adquisición de los fonemas
y primer lenguaje combinatorio.
Las adquisiciones prelinguísticas abarcan
aproximadamente de los 0 a los 12 meses de edad,
durante los cuales el bebé pasa de la expresión
a la comunicación y de ahí al lenguaje
oral. Durante esta etapa el niño(a) aprende
del adulto y de otros niños (as) mayores
que forman parte de su entorno, utiliza los mecanismos
básicos de la comunicación a nivel
preverbal con lo que recurre principalmente a
la actividad vocal, la cual evoluciona considerablemente
durante los primeros quince meses con los gritos,
llantos, balbuceo y control articulatorio observable
en la producción de las primeras palabras,
la imitación de las producidas por el adulto
y matices que expresan manifestaciones que las
madres reconocen muy bien, tales como hambre,
dolor y sueño.
Igualmente, Nieto, M. (1994), expresa que es
gracias a la repetición de estos movimientos,
como los órganos bucales van adquiriendo
la agilidad que van a necesitar posteriormente
cuando llega el momento de la articulación
de la palabra.
Al finalizar el primer año y al principio
del segundo, se desarrolla la comprensión
verbal. El (la) niño(a) comprende ciertas
palabras y algunas expresiones que aparecen en
contextos apropiados antes de empezar a expresarse
a través de éstas. También
comprende y utiliza gestos con todo el cuerpo,
experimenta con objetos, comprende órdenes
sencillas y aprende a darle nombre a las cosas.
Aparece luego un primer lenguaje no combinatorio
caracterizado por el incremento más rápido
de los repertorios léxicos productivos
y receptivos, cuyo inicio suele coincidir con
la aparición de los enunciados de dos o
más palabras (Puyuelo, M. 2000). Estas
primeras palabras se caracterizan por usar un
número limitado de elementos fonéticos
y por referirse a características más
amplias que las aceptadas por la lengua adulta,
tanto en lo que se refiere a los objetos y como
a las acciones. Las palabras, en esta etapa parecen
ser esfuerzos por expresar ideas complejas, ideas
que un adulto expresaría mediante oraciones.
Se da un incremento lento del vocabulario productivo
y receptivo entre la aparición de las primeras
palabras y el final del segundo año. La
comprensión pasa de unas 500 palabras a
los 30 meses, 1500 a los 48, 2000 a los 5 años
(según indicadores generales). Más
tarde el (la) niño (a) utiliza palabras
aisladas para expresar algunas relaciones con
sentido entre las que se encuentran la posesión,
la atribución y la localización.
La adquisición de la fonética se
da entre los 0 y 6 años, dentro de un proceso
gradual y universal, sin importar la cultura lingüística
en la que el niño está inmerso (Miretti,
M.L., 2003).
La /a/ suele ser la primera vocal emitida, mientras
que una oclusiva labial normalmente la /p/, a
veces la /m/ inaugura las consonantes. Este hecho
permite las combinaciones papá y mamá
facilitadas por la repetición silábica.
La vocal /a/ se obtiene con gran abertura de la
boca, vibración de las cuerdas vocales,
no tiene duración limitada. Las características
acústico-articulatorias de la letra /p/
son inversas.
La diferenciación de los fonemas avanza
según dos ejes: grave - agudo y compacto
- difuso con fonemas como /p,t,k/ entre otras
consonantes y las vocales /a,e,o/.
Progresivamente se van añadiendo otras
vocales, algunas consonantes oclusivas sonoras
/b,d,g/ las nasales /n,ñ/, las fricativas
sordas /f,s,ch,j/ las laterales /l/ y la vibrante
/r/.
El desarrollo que comenzó hacia el final
del primer año, dura hasta los cinco años
aproximadamente. Algunas consonantes como las
fricativas sordas y sonoras suelen ser articuladas
correctamente antes de los siete u ocho años.
La frecuencia con que ciertos fonemas y palabras
que aparecen en el habla dentro del entorno del
niño (a), inciden sobre la adquisición
más o menos precoz o más o menos
tardía de ciertos fonemas, así como
la precisión de su producción articulatoria
y la facilidad y la exactitud con la que se discriminan
en las palabras de los demás.
Es importante señalar que es a partir
de los 3 años de edad, cuando el (la) niño
(a) comienza a dominar y a emitir con mayor exactitud
y precisión los fonemas de su lengua.
Para Puyuelo, M. (2000), el desarrollo fonológico
aún no se ha completado a los 4 años
de edad. La producción de ciertos fonemas
en los que el margen de maniobra articulatoria
es más estrecho como /s,ch,j,l,r/ se tienen
que perfeccionar y estabilizar en muchos caso.
En el niño de 4 a 6 y 7 años, la
articulación de estos fonemas, en forma
aislada o en coarticulación con palabras
cortas, suele ser más fácil. Sin
embargo, a partir del momento en que el fonema
se íntegra con el conjunto en que intervienen
varios fonemas difíciles o en conjunto
con cierta longitud, más o menos familiar,
el niño experimenta serias dificultades
para expresarlo. El dominio progresivo de los
fonemas fricativos, laterales y el progreso de
la articulación se perfecciona después
de los 4-5 años de edad.
El primer lenguaje combinatorio es una fase importante
para el desarrollo lingüístico, ya
que en este periodo aparece la posibilidad de
combinar varias palabras y construir frases o
expresiones complejas, cuya relación semántica
parece evidente para el adulto aunque no se trate
de una expresión formal. El (la) niño
(a), ya no pronuncia palabras sólo por
imitación, sino cuando necesita decir algo
importante.
Al terminar la etapa del lenguaje combinatorio
surge una característica importante: el
(la) niño (a) todo lo pregunta, es la edad
de los ¿por qué? También
usa el verbo, luego el adverbio y finalmente el
"yo" como expresión de su personalidad.
Aparece el habla egocéntrica que le permitirá
la formación del lenguaje interior para
conducirlo más tarde al lenguaje social.
Dentro de la evolución del lenguaje es
importante enumerar diferentes fases del discurso
lingüístico:
Lenguaje telegráfico:
Comienza el discurso lingüístico.
El niño incluye en su uso del lenguaje
hablado (palabras) la gramática, contando
con una mejor pronunciación, entonación
y ritmo para transmitir significado. En esta etapa
se da la omisión de artículos, preposiciones
y conjunciones o sea el lenguaje telegráfico.
Primeras oraciones:
La evolución de adquisiciones estructurales
se desarrolla en tres niveles.
Patrón u orden de la frase. Estos cambian
de un idioma a otro, por ejemplo: s + y + c (sujeto,
verbo, complemento) en castellano y francés,
y s + c + v (sujeto, complemento, verbo) en alemán
y holandés. Clases de palabras y funciones.
Sustantivo, adjetivo, verbo y adverbio. Las flexiones,
es decir el género, número y los
tiempos verbales El uso de nexos: preposiciones
y conjunciones.
Fases evolutivas de la oración
La etapa de la oración inicia en el orden
de sujeto + verbo +complemento. La oración
es simple. Se impone generalmente el control del
número para una misma palabra. El niño,
comienza a emplear la conjugación del verbo
en futuro. Por ejemplo: Voy a..., hacer, tener,
ir. Inicia el uso del YO. Aparecen las preposiciones
para, por, con.
De los 3 a los 4 años de edad aparecen
las oraciones con complemento más amplio,
inicia la oración compuesta, utiliza de
4 a 8 palabras siendo un gran número de
adjetivos y adverbios y ya los 6 años emplea
conjugaciones y amplía los tiempos verbales
utilizados aunque no de manera consciente. Todavía
existen errores en la conjugación de verbos
irregulares, que poco a poco se van remitiendo
y desaparecen completamente en torno a los 10
años. A partir de esta edad continúa
la adquisición lingüística
en un proceso de ensayo y error, en donde el sujeto
realiza "adquisiciones o aprendizajes"
del lenguaje que luego falsea o verifica incorporando
los resultados a su acervo lingüístico,
que se va incrementando a lo largo de toda la
vida en un proceso, no sólo cualitativo,
sino cualitativo. Véase la tabla de progresión
del niño (a) en diversos planos.
PROGRESIÓN DEL NIÑO EN
LOS DIFERENTES PLANOS DEL LENGUAJE
3 a 4 años
Organización
Fonética
Atención auditiva,
pequeñas prosodias y juegos fonéticos
cortos. Juegos de motricidad buco-facial.
Secuencias fonéticas sencillas. Primeros
juegos de estructura temporal.
Organización
semántica
Comprensión de enunciados
simples (pedir, mandar). Primeras denominaciones
descriptivas a partir de gráficos.
Primeros juegos metalingüísticos
(familia asociación). Primera actividad
de imitación directa.
Organización
morfosintáctica
Construcción de frases
en situaciones activas. Expresiones automáticas
para juegos y actividades. Las frases comienzan
a alargarse. Uso de interrogantes.
4 a 5 años
Organización
fonética
Discriminación auditiva
más compleja. Secuencias fonéticas
complejas. Juegos de automatización
en palabras, para fonemas y sílabas
más sencillas.
Organización
semántica
Denominación en situaciones
de exposición y de descripción.
Juegos metalingüísticos. Actividades
de imitación directa. Primeros juegos
creativos.
Organización
morfosintáctica
Juegos con viñetas
individuales, con secuencias históricas
para el inicio del discurso narrativo. Actividades
de imitación directa.
5 a 6 años
Organización
fonética
Juegos fonéticos más
complejos y trabalenguas. Actividades de conciencia
fonética (rimas).
Organización
semántica
Juegos metalingüísticos
más complejos (análisis, síntesis,
semejanzas, seriaciones). Actividades de imitación
directa. Actividades para las funciones de
pedir, mandar, cooperar, preguntar y explicar.
Juego creativo.
Organización
Morfosintáctica
Actividades relacionadas
con el discurso narrativo. Actividades de
conciencia sintática.
Fuente: Monfort, M. (2002)
Es necesario describir tres grandes aspectos
o áreas dentro del proceso de adquisición
lingüística, como son el lenguaje
receptivo, el lenguaje expresivo y el lenguaje
articulado, así como algunos indicadores
de cada uno de ellos que permiten conocer el grado
de dominio que los (las) niños (as) tienen
en esos aspectos:
1. Lenguaje receptivo:
Permite comprender el lenguaje y adquirir el
significado de las palabras, o sea lo que el niño
almacena, y va formando la base para el desarrollo
de la semántica en el lenguaje oral.
Indicadores:
-Percepción y discriminación
auditiva de palabras, frases y oraciones.
-Seguimiento de instrucciones.
-Memoria auditiva.
-Entiende el significado del lenguaje que
escucha y sus respuestas son adecuadas.
-Ejecución de órdenes.
2. Lenguaje expresivo:
El lenguaje expresivo es el que le permite al
niño expresarse por medio de gestos, señas
o palabras.
Indicadores:
-Vocabulario adecuado y preciso.
-Construcción gramatical de oraciones.
-Ordenamiento lógico y secuencial
del mensaje.
-Combinación de palabras en frases
y oraciones.
3. Lenguaje articulado:
La articulación constituye la última
etapa del desarrollo del lenguaje y se considera
como la habilidad para emitir sonidos, fusionarlos
y producir sílabas, palabras, frases y
oraciones que expresan ideas. Así mismo,
la articulación se relaciona con el adecuado
funcionamiento de los órganos del aparato
fonoarticulador.
Indicadores:
-Pronunciación correcta de los fonemas.
-Capacidad articulatoria para unir y enlazar
fonemas para formar sílabas y palabras.
-Fusiona los fonemas en palabras, frases u
oraciones que expresan ideas.
Las recientes investigaciones han demostrado
la gran importancia de los primeros años
de vida para el adecuado desarrollo del lenguaje.
ALTERACIONES EN EL DESARROLLO DEL LENGUAJE.
Cualquier defecto de la audición, incluso
moderado, repercute en el desarrollo del lenguaje
y es por eso que la exploración de las
competencias auditivas ha estado asociada a esta
primera parte. Por ejemplo a los 6 meses: recepción,
el niño se gira hacia el ruido o hacia
la voz; expresión, balbucea; interacción,
cuando se le habla, responde mediante vocalizaciones.
Los padres y los adultos que rodean a los niños
pequeños a menudo notan más las
dificultades de expresión que de comprensión
del lenguaje: "No habla bien, no articula
bien, no se entiende lo que dice…"
; preocupándose más por su forma
de articular, que por sus niveles de comprensión.
Sin embargo, el desarrollo del lenguaje puede
verse perturbado en sus aspectos de comprensión
y/o de expresión a los niveles fonológicos,
morfosintácticos, léxicos y pragmáticos.
La capacidad de comprensión del niño
es la base del desarrollo del lenguaje y precede
a su capacidad de expresión. Cuando el
niño pequeño crece, sus posibilidades
de comprender siguen precediendo a sus capacidades
de expresarse. La observación de la comprensión
es por lo tanto primordial.
Entre 12 y 18 meses, el niño debe poder
asimilar los mensajes verbales sin apoyarse exclusivamente
en lo no verbal. El nivel de comprensión
puede fácilmente inducir a error o ser
ilusorio. El niño parece comprender una
consigna simple, pero de hecho comprende solamente
la situación y no el mensaje lingüístico.
Ejemplo: "venga, que nos vamos", de
hecho ve a su madre coger su bolso y / o suéter.
Las alteraciones transitorias existen de manera
normal en el niño a lo largo de su desarrollo
del lenguaje. Hay que diferenciar los trastornos
importantes, por ejemplo la no asimilación
de ciertos fenómenos, inteligibilidad limitada
de la palabra y otros… Trastornos de la
palabra: las palabras son deformadas, simplificadas
o inacabadas (sustituciones, omisiones y otros…)
Retraso del lenguaje: Se puede hablar de retraso
cuando el niño no está en disposición,
a una edad determinada, de comprender y/o de expresarse
por medio de palabras y de frases en referencia
a su edad cronológica habitualmente descrita.
El uso de jergas o de estereotipos nos debería
orientar hacia una patología específica
del lenguaje.
CONSECUENCIAS
La magnitud de las consecuencias de un retraso
del desarrollo del lenguaje está ligado
a diversos aspectos, entre los cuales sobresalen:
La naturaleza de las dificultades: palabra, lenguaje,
comprensión, expresión y otros …
Origen de los problemas: auditivo, mental, disfunción
cerebral, afectivo…
Particularidades de la familia:
La familia puede a veces colaborar en atenuar
las dificultades de comprensión y de expresión
mediante ciertas conductas (código familiar,
mímica, palabras clave, …). Esto
evitará o retrasará trastornos de
comportamiento y un aislamiento del niño.
Por el contrario, la persistencia de tales medios
puede sin embargo reforzar el retraso del lenguaje.
Algunas actitudes inadecuadas frente a las dificultades
de expresión del niño pueden fijar
una patología (tartamudeo por ejemplo…).
Si el niño (a) no comprende lo que se le
dice, no actúa o no responde en función
de la petición de su interlocutor y su
respuesta no es adecuada.
Los aspectos sintácticos y semánticos
del discurso que el adulto le propone, no están
integrados. Por consiguiente, el niño tiene
dificultad para expresarse y el factor comunicacional
no se realiza.
Los problemas de comunicación repercuten
también en la relación: si las iniciativas
lingüísticas del niño o de
los padres no tienen una respuesta adaptada, pueden
aparecer por ambas partes manifestaciones de frustración;
en el niño se puede notar una inhibición,
una inestabilidad, una hiperactividad, …
El niño es consciente de sus limitaciones
de expresión y de sus errores a través
de las correcciones de su entorno; si estas son
excesivas, puede aparecer un bloqueo con rechazo
y cólera.
Por tanto, sin la ayuda especializada (Profesional
en Lenguaje), estas dificultades corren el riesgo
de producir una repercusión en su lenguaje
escrito, ante una falta de detección e
intervención oportuna.
CONCLUSIÓN
Dificultades auditivas, visuales, neuro-motrices,
cognitivas, relacionales, pueden impedir o retrasar
el desarrollo de la palabra y del lenguaje.
Es de vital importancia escuchar y tener en cuenta
las inquietudes de los padres - madres y realizar
trabajos en el área de prevención
y detección temprana, hacer pruebas específicas
e indispensables para confirmar o invalidar el
diagnóstico.
El niño hablará si su entorno se
comunica con él, si ve los gestos, si entiende
y comprende las palabras de aquél que le
habla, si puede hacer movimientos que induzcan
a la palabra.
Acosta, V. y Moreno, A. Ma. (1999). Dificultades
del lenguaje en
ambientes educativos. Barcelona, España.
Editorial Masson, S.A.
Barzote, A. y Retana, C. (s.f.) ¿Qué
aprenden los niños cuando
aprenden a hablar? Desarrollo lingüístico
y cognitivo en los primeros años. Editorial:
AIQUE.
Berko, J. y Bernstein, N. (1999). Psicolinguística.
España. Editorial
McGraw-Hill. Interamericana de España,
S.A.
Borbón, P. y otro, (2004). Adaptación
y Estandarización de la Batería
(BELE) con niños y niñas
costarricenses de 4 a menos de 10 años
de edad de la Gran Área Metropolitana.
Tesis para optar al grado de licenciatura, Universidad
Católica de Costa Rica.
Campos, L. y Hernández R. (2002). Acciones
pedagógicas para la
prevención de dislalias funcionales en
niños y niñas de 2 a 6 años.
Tesis para optar el grado de licenciatura, Universidad
Católica de Costa Rica.
Cascante, G. (2002). Evolución del lenguaje
infantil. Antología del
Curso "Problemas específicos del lenguaje
II". San José, Costa Rica, Universidad
Católica de Costa Rica.
Dockrell, J. y Mc. Shine J. (1997). Dificultades
de aprendizaje en la
infancia. Un enfoque cognitivo. Barcelona, España.
Editorial Paidós.
Escoriza, J. (1999). Dificultades de aprendizaje
e intervención
psicopedagógica. Barcelona, España.
Editorial de la Universidad de Barcelona.
Hernández, A.L. y Ortiz, R. (2002). Guía
Didáctica dirigida a docentes de
preescolar, para la atención de dislalias
en niños y niñas de 5 a 6 años.
Tesis para optar al grado de licenciatura, Universidad
Católica de Costa Rica.
Martínez, E. (1998). Lingüística,
teoría y aplicaciones. España:
Masson, S. A.
Michnick, R. y Hirsh, K. (2001). ¿Cómo
hablan los bebés? México, D.F.:
Oxford.
Miretti, M. (2003). La lengua oral en la educación
inicial. Santa Fe.
Argentina. Editorial: Rosario: Homo Sapiens.
Monfort, M. y Otro. (2002). El niño que
habla. Madrid: General Pardiños.
Monfort, M. y Juárez, A. (1987). El niño
que habla. El lenguaje oral en
preescolar. Madrid. Editorial: CEPE.
Nieto, M. (1991). Anomalías del Lenguaje
y su Corrección. México.
Distrito Federal, 1991. Quinta Edición.
Editorial Francisco Méndez Óleo.
Puyuelo, M. (2003). Manual de Desarrollo y Alteraciones
del Lenguaje.
Barcelona: Editorial MASSON.
Puyuelo, M. y Otros. (2000). Evaluación
del lenguaje. Barcelona:
MASSON.
Real Academia Española. (2001). Diccionario
de la lengua española.
Vigésima segunda edición. Madrid,
España. Editorial Espasa, S.A.
Santiuste, V. y Beltrán, J. (1998). Dificultades
de Aprendizaje. Madrid,
España. Editorial Síntesis.
Zamora, D. (1998). La evaluación de la
niña y el niño en Educación
Preescolar. S.J., Costa Rica. EUNED.
Martín
de Zamora 4602 Las Condes - Santiago - Chile Fonos 206.06.72 -
228.49.76 Fax 207.18.92 ceril@ceril.net