por
Claudia Colombo Mera. Terapeuta Ocupacional
Ceril /U. de Chile Postgrado en Integración
Sensorial U. de Chile / más la colaboración
del Equipo de Terapia Ocupacional de Ceril
2003
Integración Sensorial y Distintos Estilos
de Desarrollo del Niño:
Comprender cómo
un niño reacciona a una situación
particular de aprendizaje, por qué actúa
de tal o cual manera en su relación con
el medio, o cómo teniendo una capacidad
intelectual normal, no logra rendir adecuadamente
en algunas o muchas demandas académicas,
son preguntas qué probablemente, tanto
padres cómo especialistas nos hemos formulado
en más de una ocasión.
Estas mismas interrogantes se las planteó
Jean Ayres (Ph.D), Terapeuta Ocupacional norteamericana,
quien hacia principios de los años 70 y
durante los 80, inicia una serie de investigaciones
en el ámbito de las neurociencias, educación
y psicología, las cuales dan origen a la
Teoría de Integración Sensorial.
Este marco teórico nos permite un mejor
entendimiento de la conducta; nos permite interpretar
el comportamiento a partir de cómo el individuo
está procesando los distintos estímulos
sensoriales. Además, es el marco para llevar
a cabo evaluaciones y métodos específicos
de intervención clínica, en ambos
casos por profesionales, Kinesiólogos y
Terapeutas Ocupacionales, con formación
de post-grado en el tema. Jean Ayres define Integración
Sensorial como la " habilidad del sistema
nervioso de recibir, organizar e interpretar las
experiencias sensoriales para su uso efectivo
". A modo de ejemplo, ¿ de qué
nos sirve sentir que nos tocaron, si no podemos
discriminar si fue un golpe y debemos defendernos
o fue una caricia y tenemos que reaccionar afectivamente?
Funcionalmente, es decir, lo que podemos ver de
este proceso neurológico, inherente al
sistema nervioso, es la eficiencia de nuestro
desempeño motor, la adaptación de
nuestros patrones conductuales y de aprendizaje.
Tradicionalmente, reconocemos los sentidos que
nos informan del mundo exterior: olfato, gusto,
visión,audición. Aunque la teoría
de Integración Sensorial no desconoce la
importancia de estos sentidos, centra más
su atención en aquellos sentidos que son
fundamentales para conocer nuestro cuerpo y su
acción en el mundo, información
fundamental para organizar nuestra conducta, nuestras
emociones y aprendizaje. Estos sentidos, desconocidos
para la mayoría son el vestibular, propioceptivo
y cutáneo. En ellos nos centraremos, intentando
comprender cuál es la contribución
de cada uno de éstos al desarrollo y aprendizaje
del niño.
El sistema vestibular, con sus
receptores en el oído interno, es el sentido
del movimiento de nuestro cuerpo en el espacio.
De esta forma nos provee información fundamental
para orientarnos en el espacio, mantener un campo
visual estable a pesar de que nuestra cabeza y/o
cuerpo se estén moviendo ( como al copiar
desde un pizarrón o doblar en una esquina).
También nos permite coordinar el movimiento
de ambos lados del cuerpo, como al recortar con
tijera, abotonar, andar en bicicleta, etc.. y
anticiparnos espacial y temporalmente al movimiento,
como al atajar una pelota o saltar una cuerda.
Además nos provee orientación y
seguridad en relación a la gravedad, información
fundamental para mantener nuestra postura y equilibrarnos.
Si no logramos orientarnos en relación
a la gravedad o no nos sentimos seguros frente
a cambios en la misma, cualquier movimiento de
nuestro cuerpo y, en especial de nuestra cabeza
, nos hace ver el mundo borroso y vivimos con
ansiedad e inseguridad. Otra función muy
importante a la cual contribuye el sistema vestibular,
es la mantención de adecuados niveles de
alerta del sistema nervioso. Nuestra relación
con el mundo no va a ser la adecuada tanto si
estamos sobreexcitados, inquietos, irritables,
como si estamos somnolientos.
El sistema propioceptivo, con
sus receptores en músculos, tendones y
articulaciones, nos permite saber dónde
está cada parte de nuestro cuerpo y cómo
se está moviendo, sin necesidad de usar
la vista. Esto nos provee información fundamental
para tener destreza y coordinación motora,
tanto en nuestra motricidad gruesa ( correr, saltar,
traccionar), como funciones manuales ( escribir,
recortar) y control motor oral ( comer, hablar).
Nos permite graduar la fuerza de la contracción
muscular y realizar los movimientos en tiempo
justo ( timing), para ser efectivo. Nos provee
retroalimentación o información
de cómo nos movemos. Pensemos en un niño
andando sin dificultad en bicicleta, no necesita
mirar como mueve los pedales con sus pies o cómo
acciona el manubrio o los frenos, su sistema nervioso
lo sabe a través de la información
recibida de sus músculos y articulaciones
en forma automática, para que él
pueda a nivel conciente, por ejemplo, mirar el
paisaje o hablar mientras pedalea. O cuando tomamos
un huevo o abrimos un jugo en caja, regulamos
nuestra fuerza automáticamente, para no
romperlo ni que se nos caiga y podemos hacerlo
mientras, por ejemplo, conversamos. Si éstas
habilidades automáticas, requieren de pensamiento
conciente, probablemente el niño aparecerá
lento y poco hábil, sintiéndose
menoscabado en su autoestima, al recibir adjetivos
de torpe, descuidado o flojo.
El sistema cutáneo procesa
estímulos de tacto, temperatura, dolor
y presión. La influencia del sentido del
tacto es fundamental en el desarrollo emocional
del niño y su posterior comportamiento
como adulto en la sociedad. Esto, porque es el
sentido primordial para vincularse emocionalmente
con la madre o cuidadora. Ya desde el nacimiento,
los reflejos de búsqueda y succión,
fundamentales para el amamantamiento, son posibles
gracias al tacto presente en la zona oral. Tolerar
adecuadamente el ser tocado, abrazado o besado
nos permite integrarnos socialmente. Localizar
y discriminar dónde está siendo
recibido el estímulo táctil nos
permite, además, desarrollar adecuadamente
habilidades motoras orales ( alimentarnos, hablar),
habilidades de manipulación ( escribir
con lápiz o computador, comer con utensilios,
abotonar, etc..) . Junto con la propiocepción
nos brinda noción de nuestro esquema corporal
y, de esta manera, nos permite desarrollar habilidades
de planificación motora ( cómo utilizar
mi cuerpo para moverme eficientemente en el mundo
físico, organizándome en espacio
y tiempo)
Como vemos, un adecuado procesamiento de la información
sensorial de nuestro cuerpo es fundamental para
el desarrollo de múltiples habilidades,
motoras, cognitivas, sociales, etc... Dicho procesamiento
o Integración Sensorial, se desarrolla
espontáneamente en la vida diaria del niño,
es decir mientras juega, realiza tareas de autocuidado,
como vestuario, alimentación e higiene,
o mientras realiza tareas escolares. Pero hay
veces en que el sistema nervioso, por razones
aún desconocidas, es ineficiente para organizar
la información sensorial. En estos casos
estamos frente a una Disfunción de Integración
Sensorial, que Jean Ayres define como " un
desorden en la función del sistema nervioso,
que dificulta la integración del influjo
sensorial y determina una respuesta ineficiente
a las demandas del medio ". Cabe destacar,
que nadie tiene una integración sensorial
óptima, pero esto se transforma en una
disfunción cuando interfiere funcionalmente
nuestra vida, es decir, cuando nuestra conducta,
aprendizaje o motricidad no es eficiente para
satisfacer las demandas del medio, por ejemplo
participar de un grupo social. También
es importante distinguir, que no todos los niños
que presentan problemas de aprendizaje, desarrollo
o comportamiento, tienen un desorden de integración
sensorial y vice-versa.
Para intentar clarificar este concepto,
primero mencionaremos algunos signos o indicadores
que pueden dar cuenta de su presencia:
Hiperresponsividad al tacto,
movimientos, estímulos visuales o sonidos:
entendido como hipersensibilidad o baja tolerancia
a todos o algunos de estos estímulos.
Generalmente se expresa en conductas defensivas
o de protección frente al estímulo,
como evadir, aislarse, inmovilizarse o agredir.
De este modo podemos encontrar los siguientes
signos: agresividad o irritabilidad social;
rechazo al contacto físico o cercanía
corporal inesperada; rechazo a ciertos alimentos
( generalmente grumosos, ásperos);
rechazo a ciertas texturas de ropa ( etiquetas,
costuras, lanas, zapatos, etc...); irritabilidad
en algunas actividades de autocuidado ( lavado
dientes, pelo, corte uñas, etc...);
falta de concentración en actividades
de mesa y escolares; reacción de temor
y/o ansiedad en actividades comunes, como
juegos de plaza, bajar escaleras o temerosos
frente a las alturas.
Hiporesponsividad a la estimulación
sensorial: entendida como hiposensibilidad
o alta tolerancia a todos o algunos estímulos
sensoriales. Generalmente se expresa en conductas
de búsqueda de los estímulos
que son menos percibidos por el sistema nervioso.
Así podemos encontrar niños
que buscan experiencias sensoriales fuertes,
como chocar contra objetos, girar, colgarse
cabeza abajo o golpear su cabeza, columpiarse
incesantemente, en una conducta de permanente
inquietud motora. El niño también
puede tener un alto umbral para el dolor o
asumir posturas extrañas con su cuerpo.
Cuando la información que el sistema
nervioso registra menos, es mayoritariamente
la propioceptiva y cutánea, se observa
brusquedad y torpeza en los movimientos, por
ejemplo romper fácilmente los juguetes,
los lápices al escribir, etc...
Cabe destacar que algunas veces la conducta del
niño fluctúa entre los extremos
de hiper e hiporesponsividad.
Problemas de alerta sensorial:
El niño puede tener un nivel de actividad
inusualmente alto, porque la mayor parte del tiempo
está sobreexcitado con algún estímulo
( cutáneo, vestibular, auditivo) o porque
están buscándolo intensamente (propiocepción,
vestibular, presión profunda). En el otro
extremo puede haber niños que son muy lentos
en activarse, que impresionan como somnolientos
o con alerta baja y que pueden además cansarse
rápidamente, pues muchas veces también
tienen un tono muscular disminuido. También
en este aspecto, los niños pueden oscilar
de un extremo a otro.
Problemas de Coordinación Motora
Gruesa y Fina: en este aspecto destaca
principalmente la presencia de equilibrio inusualmente
pobre y gran dificultad para aprender a hacer
una tarea nueva que requiere coordinación
motora. En este sentido muchas veces se observa
dificultad para adquirir independencia en autocuidado,
como abotonar y desabotonar, colocarse prendas
de vestir, comer con utensilios, recortar con
tijera, dibujar, andar en triciclo y bicicleta,
saltar la cuerda, jugar con pelota, seguir esquemas
de baile, etc..
Pobre Organización de la Conducta:
el niño puede ser impulsivo o distraído
y mostrar una falta de planificación en
su aproximación a las tareas ( no saben
por dónde partir o qué secuencia
seguir, comienzan a ejecutar antes de saber cómo
lo van a hacer ), pueden también presentar
dificultades para ajustarse a situaciones nuevas,
en general prefieren hacer lo que saben y les
resulta bien y no exponerse al fracaso. Frente
al mismo muestran baja tolerancia, con reacciones
de agresividad o ensimismamiento al enfrentarlo.
La participación en deportes grupales tiende
a ser escasa, pues en éstos se hacen más
evidentes sus fallas de organización y
anticipación, por lo cual preferirán
aislarse.
Puede asociarse también retraso en la
adquisición y desarrollo del lenguaje,
de habilidades motoras y/o cognitivas, a pesar
de tener inteligencia normal.
El presentar alguno o muchos de los problemas
señalados y percibir que algunas actividades
le son más difíciles que a los compañeros,
sin saber porqué, lleva a muchos niños
a desarrollar una baja autoestima, al enfrentar
reiterados fracasos y cargar con letreros de flojos,
desmotivados, conflictivos, agresivos, etc...
Ahora describiremos a uno de los muchos niños
que como especialistas nos toca conocer, y cómo
algunos de los signos anteriormente mencionados
se expresan en distintos ámbitos de su
vida:
Carlos es un niño de 6 años 6 meses,
que cursa 1° Básico. Es referido a
evaluación de Terapia Ocupacional pues
su profesora refiere que está teniendo
dificultades en actividades de pegado, coloreado,
escritura y recorte con tijeras.
Además tiene un pobre agarre del lápiz,
pues a menudo presiona tan fuerte sobre el papel,
que quiebra la punta de su lápiz.. También
se muestra incapaz de bajar y subir el cierre
de su parka o de abrochar los botones de su delantal.
En los recreos, Carlos prefiere pasar todo el
tiempo sólo en los columpios y durante
la colación necesita ayuda para abrir su
caja de jugo o paquete de galletas. La profesora
además indica que el niño está
recibiendo terapia de lenguaje por presentar problemas
articulatorios. La mamá de Carlos, por
su parte, reporta que él adquirió
los principales hitos del desarrollo psicomotor
y lenguaje dentro de límites normales (
se sentó a los 6 meses y aunque no gateó,
caminó a los 14 meses; dijo sus primeras
palabras a los 18 meses).
Refiere además, que aunque notó
que las articulaciones de Carlos eran algo más
laxas o débiles que las de sus hermanos,
no le preocupó, así como tampoco
lo hizo lo que la profesora expresaba acerca de
su desempeño escolar, pues siempre pensó
que su hijo parecía ser bastante brillante,
lo cual confirmó una evaluación
psicológica reciente. Sin embargo, la madre
también expresa que Carlos no fue capaz
de pedalear un triciclo hasta los 5 años,
que aún no baja las escaleras alternando
los pies, que recién está logrando
impulsarse en un columpio por sí mismo
y que su tolerancia al dolor le parece muy alta,
cómo si no percibiera que ha sido tocado.
En su juego habitual Carlos usualmente elige actividades
tranquilas, cómo jugar con muñecos
o autos acostado en el suelo y ver TV, y se muestra
poco motivado por juguetes que requieren habilidades
motoras finas, como legos, puzzles y encajes.
Carlos tiene una Disfunción de Integración
Sensorial y a partir de una evaluación
especializada se podrá determinar que esta
disfunción se explica por deficiencias
en el procesamiento de la información vestibular,
propioceptiva y cutánea y que probablemente,
está determinando la presencia de Dispraxia.
La comprensión de estas dificultades por
parte de los padres y personas que rodean al niño,
será fundamental para ayudarlo y una adecuada
evaluación y tratamiento favorecerá
mejorías importantes, como ya hemos visto
en variados aspectos de su desarrollo: social,
motor, emocional, académico, etc... De
lo contrario, la no estimulación de las
dificultades anteriormente descritas, llevará
paulatinamente a mostrar niveles crecientes de
dificultad y esfuerzo para lograr rendimientos
acordes a las demandas ambientales, especialmente
escolares, lo que no siempre se logrará,
con una consecuente merma en la autoestima y confianza
personal, fundamentales para enfrentar desafíos
futuros. En otros casos, la problemática
podrá agudizarse a nivel de relaciones
interpersonales y participación social,
de estabilidad emocional o de limitación
de las elecciones ocupacionales, es decir, del
tipo de actividades laborales, recreativas, sociales,
deportivas, culturales, etc..., que ese individuo
podrá elegir como ejes de su vida.
Finalmente, pero no menos importante, es distinguir
que muchos de los indicadores de Disfunción
de Integración Sensorial mencionados, constituyen
también características comunes
a otros cuadros, por ejemplo, Síndrome
de Déficit Atencional, Trastornos Generalizados
del Desarrollo, Desórdenes Genéticos,
etc...Frente a esto, sólo la visión
integral de los síntomas y su adecuada
valoración basada tanto en la teoría,
como en la experiencia clínica, permitirán
realizar un análisis diagnóstico
certero.
BIBLIOGRAFÍA
1. La Integración Sensorial y el Niño.
A.Jean Ayres, 1998 ( versión español).
2. Sensory Integration. Theory and Practice.
Anne Fisher, Elizabeth Murray, Anita Bundy, 1991
3. Guía para que los padres comprendan
la Integración Sensorial, Sensory Integration
International, 1986, 1991
4. Apuntes Curso La Perspectiva de Integración
Sensorial, Erna Emperatore Blanche, Phd, OTR y
Susanne Roley, MS, OTR, Santiago- Chile, 2001
Martín
de Zamora 4602 Las Condes - Santiago - Chile Fonos 206.06.72 -
228.49.76 Fax 207.18.92 ceril@ceril.net