por
Dr. Juan Romeu Bes Doctor en Medicina Especialista
en Neurología y Psiquiatría
Profesor de la Universidad Autónoma
de Barcelona y de la Fundación Bosch
y Gimpera. Miembro del Institut de Psiquiatria
Biològica de Barcelona. Perteneciente
al Cuerpo Facultativo de Clínica Quirón
(Unitat de Psiquiatria).
Trastornos por Défitit de Atención
con Hiperactividad
El trastorno por
déficit de atención responde ineludiblemente
a una alteración de la
Las diferencias de la hiperactividad con un nivel
alto de actividad normal están en que la
primera es muy irregular, mal organizada y sin
metas fijas.
Es diez veces más común en niños
que en niñas.
En los niños con déficit de atención
se observan las siguientes características:
1.- Dificultad en la organización
de su trabajo, dando la impresión de
que no ha escuchado las instrucciones
Le resulta muy fácil distraerse
2.- Comete errores por ser descuidado o impulsivo
3.- Habla excesivamente en clase
4.- No pude esperar su turno en situaciones
de grupo
5.- Nunca puede terminar lo que le piden
6.- No pude jugar durante mucho tiempo seguido,
como los niños de su edad
7.- Sin tratamiento, puede perder sus estudios
y amistades, por su incapacidad para cooperar
en los juegos y otras actividades sociales.
El niño sufre porque cosecha más
fracasos que éxitos, y es criticado por
maestros y familiares que no conocen su problema.
El tratamiento incluye medicación y psicoterapia
para el niño, ayuda a la familia y asesoramiento
a los maestros.
Este trastorno se refiere a un patrón
persistente de falta de atención y/o hiperactividad
e impulsividad, cuya frecuencia y severidad es
mayor que lo típicamente observado en personas
que presentan este trastorno tienen mayor probabilidad
de enfrentar un sinnúmero de problemas
en el ámbito social, cognoscitivo, académico,
familiar y emocional, al igual que un mayor riesgo
de rezago en la conducta adaptativa. Este hecho
ilustra el enorme impacto que pueden tener los
síntomas que definen el TDAH en la persona
afectada por esta condición, sea niño,
adolescente o adulto. Así como en la familia
y en los otros grupos sociales que son parte esencial
de la vida de la persona (Bauermeister y Matos,
1997).
Aunque la mayoría de los investigadores
conceptúan el TDAH como un trastorno con
una predisposición neurobiológica
significativa, esto no minimiza la importancia
de los factores socioculturales. Estos juegan
un papel importantísimo en la forma en
que se expresan las conductas de falta de atención,
hiperactividad e impulsividad propias de este
trastorno, así como en el significado o
importancia que otras personas les atribuyen a
estas conductas y, por consiguiente, en el nivel
de tolerancia de las mismas. Un criterio fundamental
para el diagnóstico del TDAH es la dificultad
de la persona para autorregular el comportamiento
de acuerdo a las demandas familiares, escolares,
interpersonales, ocupacionales y comunitarias.
Estas demandas están determinadas culturalmente
y establecen qué conductas son permisibles,
aceptables, esperadas o mandatorias en cada situación
dada. Es necesario, pues, tomar en consideración
la influencia de la cultura y el ambiente social
del cual es parte la persona, si se quiere entender
plenamente este trastorno, diagnosticarlo con
acierto y proveer los tratamientos necesarios
(Bauermeister, Berríos, Jiménez,
Acevedo y Gordon, 1990).
En una investigación de Bird y colaboradores
(1998), la prevalencia del trastorno por déficit
de atención, con o sin hiperactividad,
diagnosticado por cuatro psiquiatras de niños,
fue 16.2%. Es decir, virtualmente uno de cada
seis niños reunió los criterios
diagnósticos para el trastorno. Al requerir
para el diagnóstico un criterio adicional
de impedimento o inadaptación, la frecuencia
del TDAH se redujo a 9.5%. Este dato demuestra
que el diagnóstico de este trastorno no
debe establecerse únicamente en base a
la presencia de síntomas de falta de atención,
hiperactividad e impulsividad, ya que se estaría
diagnosticando con el trastorno a personas que
pueden estar bien adaptadas. Para diagnosticarlo
es necesario que los síntomas contribuyan
al funcionamiento desadaptado de la persona.
Tal como se desprende de lo anterior, los profesionales
deben tener especial cuidado de entender lo mejor
posible el trasfondo cultural de éstas.
Los criterios diagnósticos actuales del
TDAH requieren que los síntomas de falta
de atención, hiperactividad e impulsividad
hayan surgido en la niñez, que ocurran
frecuentemente, que no correspondan al nivel de
desarrollo de la persona, que hayan persistido
a través del tiempo y que obstaculicen
significativamente el funcionamiento de la persona
en el hogar, en la escuela, en las relaciones
con los compañeros y/o en el trabajo. Al
aplicar estos criterios, es necesario tomar en
consideración el hecho de que son las premisas
socioculturales son las que establecen los parámetros
para dilucidar si el funcionamiento de la persona
en un contexto dado es adaptado o no.
HOJA DE INFORMACIÓN ACERCA DEL
TDAH (Dr. Russell A. Barkley)
Esta hoja de información fue desarrollada
por el Dr. Russell A. Barkley como una referencia
inmediata para ser provista a los padres y maestros
de niños con el trastorno por déficit
de atención e hiperactividad (TDAH) o a
adultos que han sido vistos en su práctica
clínica y que han sido diagnosticados con
el TDAH. La hoja recoge información importante
acerca del TDAH, así como la visión
del Dr. Barkley acerca del trastorno, basada en
su nueva teoría. La misma puede entregarse
como parte de la reunión de discusión
que sigue a la evaluación. También
puede ser enviada por correo a los maestros del
niño junto con recomendaciones específicas
para el manejo del niño en el aula. De
igual modo, puede ser provista al patrono, al
supervisor o a miembros de la familia de un adulto
diagnosticado con el TDAH, por supuesto, con el
permiso del adulto.
Trastorno por déficit de atención
e hiperactividad es el término usado actualmente
para describir un trastorno específico
del desarrollo visto tanto en niños como
en adultos, el cual comprende déficit en
la inhibición de la conducta, en la atención
sostenida y la resistencia a la distracción,
y en la regulación del nivel de actividad
de acuerdo a las demandas de la situación
(hiperactividad o inquietud). Este trastorno a
tenido etiquetas numerosa diferentes en el pasado
siglo, incluyendo síndrome del niño
hiperactivo, reacción hipercinética
de la niñez, disfunción cerebral
mínima y trastorno por déficit de
atención (con o sin hiperactividad).
Características principales
Las características predominantes de este
trastorno incluyen lo siguiente:
Dificultad en la inhibición de respuestas,
en el control de impulsos o en la capacidad para
posponer la gratificación. Notamos esto
frecuentemente en la inhabilidad de la persona
para detenerse y pensar antes de actuar; para
esperar su turno mientras juega, conversa con
otros o tener que esperar en una fila; para interrumpir
el responder rápidamente cuando se hace
evidente que las acciones de la persona ya no
son efectivas; para resistir las distracciones
mientras se concentra o trabaja; para trabajar
por recompensas mayores a más largo plazo
en vez de optar por unas más pequeñas
e inmediatas, y para inhibir la reacción
dominante o inmediata ante un evento, según
la situación pueda demandarlo.
Exceso de actividad irrelevante a la tarea o actividad
que está pobremente regulada según
las demandas de la situación. En muchos
casos, las personas con el TDAH se distinguen
por ser excesivamente inquietas e intranquilas,
como si estuvieran en “continuo movimiento”.
Manifiestan un movimiento excesivo que no es requerido
para completar una tarea, tal como menear los
pies y las piernas, golpear suavemente las cosas,
mecerse mientras están sentados o cambiar
su postura o posición mientras ejecutan
tareas relativamente aburridas. Los niños
más pequeños con el trastorno pueden
manifestar excesivamente actividades motrices
gruesas, tales como correr, trepar u otras. A
pesar de que esto tiende a declinar con la edad,
los adolescentes con el TDAH son aún más
inquietos e intranquilos que sus compañeros.
En los adultos con el trastorno, esta inquietud
puede ser más subjetiva que directamente
observable, a pesar de que algunos adultos se
observan inquietos e informan una necesidad de
estar siempre ocupados o haciendo algo y ser incapaces
de quedarse quietos.
Pobre atención sostenida o persistencia
de esfuerzo en las tareas. Este problema frecuentemente
surge cuando se le asignan a la persona actividades
aburridas, tediosas, prolongadas o repetitivas
que no tienen un atractivo intrínseco para
ella. Tales personas a menudo no logran mostrar
el mismo nivel de persistencia, tenacidad, motivación
y fuerza de voluntad que otros de su edad cuando
deben realizar tareas poco interesantes pero importantes.
Con frecuencia informan aburrirse fácilmente
con tales tareas y , por consiguiente, cambian
de una actividad a otra sin completar ninguna
de ellas. Es común la falta de concentración
durante las tareas tediosas, aburridas o prolongadas,
así como lo es la inhabilidad para regresar
a la tarea en la que estaban trabajando si se
les interrumpe inesperadamente. Por tanto, se
distraen fácilmente durante períodos
en los que la concentración es importante
para la tarea que realizan, también pueden
tener problemas para completar tareas rutinarias
sin supervisión directa y para mantenerse
en la tarea durante el trabajo independiente.
Estas son las tres áreas de dificultad
más comunes asociadas con el TDAH. Sin
embargo, las investigaciones sugieren que aquellos
con el trastorno, particularmente con los subtipos
asociados a comportamiento impulsivo (discutidos
más adelante), también pueden tener
dificultades en las siguientes áreas de
funcionamiento psicológico:
Recordar el hacer cosas o memoria de trabajo.
La memoria de trabajo se refiere a la capacidad
para retener en la mente información que
será usada para guiar las acciones de la
persona, al momento o posteriormente. Es esencial
para recordar hacer cosas en un futuro cercano.
Las personas con el TDAH frecuentemente tienen
dificultad con la memoria de trabajo y por tanto
son descritas como olvidadizas para hacer cosas,
incapaces de mantener en mente información
importante que necesitarán para guiar sus
acciones posteriormente, y desorganizadas en su
pensamiento y en otras actividades, al punto que
a menudo pierden de vista la meta de sus actividades.
Pueden ser descritas frecuentemente como que actúan
sin retrospección o previsión y
son menos capaces de anticipar y prepararse para
futuros eventos tan bien como otros, lo cual parece
depender de la memoria de trabajo. Las investigaciones
recientes sugieren que aquellos con el TDAH no
pueden percibir o usar el tiempo tan adecuadamente
como otros en sus actividades diarias, por tanto,
frecuentemente llegan tarde a citas, no cumplen
con límites de tiempo, están mal
preparados para actividades venideras, y son menos
capaces para proseguir con los planes y metas
a largo plazo. Los problemas con el manejo del
tiempo y el organizarse para eventos futuros son
comunes en niños mayores y en adultos con
el trastorno.
Desarrollo retrasado del lenguaje interno (la
voz de la mente) y del seguimiento de reglas.
Las investigaciones recientes sugieren que los
niños con el TDAH están significativamente
retrasados en el desarrollo del lenguaje interno
(la voz privada dentro de nuestra mente que usamos
para conversar con nosotros mismos, contemplar
eventos y dirigir o regir nuestro comportamiento).
El habla privada es absolutamente necesaria para
el desarrollo normal de al contemplación,
la reflexión y la autorregulación.
Su retraso en aquellos con el TDAH contribuye
a problemas significativos con la habilidad para
seguir reglas o instrucciones; para leer y seguir
instrucciones cuidadosamente; para darle seguimiento
a sus propios planes, reglas y “listas de
cosas por hacer”; y aún para actuar
teniendo en mente los principios legales o morales.
Cuando se combina con las dificultades con la
memoria de trabajo, este problema con el habla
privada a menudo resulta en una interferencia
significativa con la comprensión de la
lectura, especialmente en asignaciones de lectura
complejas, poco interesantes o extensas.
Dificultades con la regulación de emociones,
motivación y excitación. Los niños
y adultos con el TDAH frecuentemente tienen problemas
inhibiendo sus reacciones emocionales ante eventos
tan bien como lo hacen otros de su edad. No es
que las emociones que experimentan sean inapropiadas,
sino que es más probable que manifiesten
públicamente, más que otros, las
emociones que experimentan. Parecen ser menos
capaces de “internalizar” sus sentimientos,
de mantenerlos para sí mismos y, cuando
lo hacen, de moderarlos como otros lo harían.
Por ende, aparentan ser menos maduros emocionalmente,
más reactivos con sus sentimientos y más
impetuosos, irritables y frustrados fácilmente
por los eventos, junto a este problema con al
regulación de las emociones, están
las dificultades que tienen para generar motivación
intrínseca para las tareas que no tienen
ningún atractivo o recompensa inmediata
para ellos. Esta dificultad para crear motivación
privada, “empuje” o determinación
los hace parecer frecuentemente con falta de voluntad
o autodisciplina, pues no pueden mantenerse en
cosas que no les proveen recompensa, estimulación
o interés inmediato. Su motivación
para trabajar con tesón y durante tiempo
prolongado depende del ambiente inmediato, mientras
que otros desarrollan una capacidad para motivarse
intrínsecamente en ausencia de recompensas
u otras consecuencias inmediatas. También
relacionada con estas dificultades para regular
la emoción y la motivación está
la de regular su nivel general de excitación
para enfrentarse a demandas situacionales. Aquellos
con TDAH encuentran difícil activarse o
motivarse para iniciar algún trabajo que
debe hacerse, se quejan frecuentemente de ser
incapaces de mantenerse alertas o despiertos en
situaciones aburridas, y a menudo parecen “soñar
despiertos o estar en las nubes” cuando
deben estar más alertas, enfocados y participar
activamente en una tarea.
Disminución en la habilidad para solucionar
problemas, la inventiva y la flexibilidad en al
consecución de metas a largo plazo. Frecuentemente,
cuando participamos en actividades dirigidas a
una meta, encontramos problemas que son obstáculos
para alcanzar la misma. En estas situaciones,
las personas deben ser capaces de generar rápidamente
una variedad de opciones para sí mismas,
de considerar sus desenlaces respectivos y de
seleccionar, de entre ellas, aquellas que parecen
ser más efectivas para superar el obstáculo,
de tal modo que puedan continuar hacia su meta.
Las personas con el TDAH encuentran teles obstáculos
en sus metas mucho más difíciles
de superar, abandonan sus metas frecuentemente
al enfrentarse a obstáculos, y no se toman
el tiempo de pensar en otras opciones que podrían
ayudarles a seguir hacia su meta. Por tanto, pueden
parecer menos flexibles al acercarse a situaciones
problemáticas y con mayor probabilidad
de responder automáticamente o por impulso
y, por ende, son menos creativas que otras para
superar los obstáculos en el camino hacia
sus metas. Estos problemas pueden ser evidentes
incluso en el habla y en la escritura de aquellos
que padecen el trastorno, ya que son menos capaces
de unir rápidamente las ideas de sus pensamientos
en una explicación más organizada
y coherente. De este modo, tienen más dificultades
para unir con rapidez sus acciones o ideas en
una cadena de respuestas que logre efectivamente
la meta que se les ha dado, sea ésta de
naturaleza verbal o conductual.
Mayor variabilidad de lo normal en la ejecución
de tareas o trabajos. Es típico de aquellos
con el TDAH, especialmente con subtipos asociados
al comportamiento impulsivo, el exhibir una variabilidad
sustancial a través del tiempo en la ejecución
de su trabajo. Estas oscilaciones amplias pueden
ser encontradas en la calidad, cantidad y rapidez
de su trabajo. Además, fracasan en mantener
un patrón relativamente uniforme de productividad
y exactitud en su trabajo de momento a momento
y de día a día. Tal variabilidad
es a menudo incomprensible para quienes la observan,
ya que es claro que en algunos momentos la persona
con el TDAH puede completar su trabajo rápida
y correctamente, mientras que en otros momentos
ejecuta sus tareas pobremente, imprecisamente
y de manera bastante errática. Ciertamente,
algunos investigadores entienden que este patrón
de alta variabilidad en las actividades relacionadas
con el trabajo es tan distintiva del trastorno
como lo es la pobre inhibición e inatención
descritas anteriormente.
Inicio temprano de las características
principales. Los síntomas del TDAH parecen
surgir, en promedio, entre los 3 y los 6 años
de edad. Esto es así particularmente para
aquellos subtipos del TDAH asociados con comportamiento
hiperactivo e impulsivo. Otros pueden desarrollar
sus síntomas un poco más tarde en
la niñez, pero ciertamente la gran mayoría
de aquellos que padecen el trastorno han tenido
algunos síntomas desde antes de los 13
años. Aquellos que tiene el TDAH del tipo
predominantemente inatento, el cual no está
asociado con impulsividad, aparentan desarrollar
sus problemas de atención más tarde
que los otros subtipos, frecuentemente durante
la niñez media o tardía. Por tanto,
se piensa que el desorden se inicia en la niñez,
sin importar el subtipo, sugiriendo que si estos
síntomas se desarrollan por primera vez
durante la edad adulta se deben sospechar otros
trastornos mentales en vez del TDAH.
Variación situacional de los síntomas.
Es probable que los síntomas principales
del TDAH cambien marcadamente como consecuencia
de la naturaleza de la situación en la
que la persona se encuentre. Las investigaciones
sugieren que aquellos con el TDAH se comportan
mejor en situaciones de uno a uno, cuando hacen
tareas que disfrutan o encuentran interesantes,
cuando hay una recompensa inmediata por portarse
bien, cuando son supervisados, cuando su trabajo
es hecho temprano en el día en vez de más
tarde, en el caso de los niños, cuando
se encuentran con sus padres en comparación
a cuando se encuentran con sus madres. Por el
contrario, pueden manifestar más síntomas
en situaciones de grupo, cuando deben realizar
trabajos aburridos, cuando deben trabajar independientemente
de supervisión, cuando su trabado debe
ser realizado más tarde en el día
o cuando están con sus madres. En ocasiones,
o en algunos casos, estos factores situacionales
pueden tener poco efecto en el nivel de síntomas
del TDAH de la persona, pero han sido notados
lo suficiente en las investigaciones como para
hacer que sea importante considerar tales cambios
en los síntomas.
Trayectoria relativamente crónica. A menudo,
los síntomas de TDAH son bastante estables
en el desarrollo. A pesar de que el nivel absoluto
de síntomas declina con la edad, esto también
es cierto para los niveles de inatención,
impulsividad y actividad de las personas normales.
De modo que aquellos con el TDAH pueden estar
mejorando en su comportamiento pero no siempre
alcanzan el nivel de sus compañeros. Esto
parece dejarlos crónicamente por debajo
de otros de su edad en la capacidad para inhibir
la conducta, sostener la atención, controlar
la distracción y regular su nivel de actividad.
Las investigaciones sugieren que, de los niños
diagnosticados clínicamente con el trastorno
en la niñez, entre el 50 y el 80% continuará
cumpliendo con los criterios para el diagnóstico
en la adolescencia y entre el 10 y el 65% puede
continuar en la edad adulta. Tenga o no el síndrome
completo en la edad adulta, por lo menos entre
el 50 y el 70% puede continuar manifestando alguno
de los síntomas que le causan algún
impedimento en su vida adulta.
Resultado en la edad adulta
Se ha estimado que entre el 15 y el 50% de los
niños con el TDAH eventualmente supera
el trastorno. Sin embargo, estas cifras vienen
de estudios de seguimiento en los que no se usaron
los criterios diagnósticos actuales y más
rigurosos para el trastorno. Cuando se usan criterios
más apropiados y modernos, probablemente
sólo entre el 20 y el 35% de aquellos con
el trastorno ya no tiene síntomas que resultan
en impedimento en su vida adulta. A lo largo de
su vida, una minoría significativa de estos
experimenta un mayor riesgo de desarrollar conducta
oposicional y desafiante (>50%), problemas
de conducta y dificultades antisociales (25-40%)
y baja estima propia y depresión (25%).
Aproximadamente, entre el 5 y el 10% puede desarrollar
trastornos mentales más serios, tales como
trastorno maníaco-depresivo. Entre el 10
y el 20% puede desarrollar un trastorno de personalidad
antisocial en al edad adulta; la mayor parte de
estos también tendrá problemas con
el abuso de sustancias legales (p.e., alcohol
y tabaco) o ilegales (p.e., marihuana, cocaína
y el uso ilegal de drogas recetadas). El riesgo
es mayor entre los que tuvieron un trastorno de
conducta o delincuencia durante la adolescencia.
A pesar de estos riesgos, más de la mitad
de aquellos con el TDAH no desarrollan estas dificultades
asociadas o trastornos. Sin embargo, la mayoría
ciertamente experimenta problemas con la ejecución
académica. Por ejemplo, tanto como entre
el 30 y el 50% ha repetido su grado escolar por
lo menos una vez, y entre el 25 y el 36% nunca
ha completado la escuela secundaria.
Como adultos, es más probable que aquellos
con el TDAH tengan un nivel bajo de educación
relativo a su habilidad intelectual y trasfondo
educativo familiar. Es también probable
que experimenten dificultades con el ajuste en
el trabajo y que puedan estar ocupando posiciones
que no están a la par con su inteligencia
y su trasfondo educativo y familiar. Tienden a
cambiar de trabajo más frecuentemente que
otros, a veces por aburrimiento o por problemas
interpersonales en el lugar de trabajo. También
tienden a tener más cambios de amistades
y de relaciones románticas, y parecen más
propensos a la discordia marital y al divorcio.
Al conducir, son relativamente comunes las dificultades
con el exceso de velocidad, así como más
consecuencias legales por este comportamiento
(citaciones, multas de tráfico). En algunos
casos, es posible que tengan más accidentes
con vehículos de motor que otros conductores.
Por tanto, es más probable que se les suspenda
o revoque su licencia para conducir.
Subtipos
Desde 1980, se ha hecho posible ubicar a las
personas con el TDAH en varios subtipos, dependiendo
de las combinaciones de síntomas que presentan,
a aquellas que tienen dificultades principalmente
con conducta impulsiva e hiperactiva, y no con
la atención o la concentración,
ahora se les reconoce que tienen el TDAH del tipo
predominantemente hiperactivo-impulsivo. Las personas
con el patrón opuesto, inatención
significativa sin ser impulsivas o hiperactivas,
se les reconoce que tienen el TDAH tipo predominantemente
inatento. Sin embargo, la mayoría de las
personas con el trastorno manifiestan ambas características
clínicas y se les denomina con el TDAH
tipo combinado. Las investigaciones acerca de
las personas con el tipo combinado sugieren que
es probable que desarrollen primero sus síntomas
hiperactivos y/o impulsivos, usualmente durante
los años preescolares. Por lo tanto, a
esta edad, pueden ser diagnosticadas con el tipo
predominantemente hiperactivo-impulsivo. Sin embargo,
en la mayoría de los casos, éstas
eventualmente pasan a desarrollar las dificultades
con el lapso de atención, la persistencia
y la distracción a los pocos años
de entrar en la escuela, y son entonces diagnosticadas
con el tipo combinado.
Hay considerablemente menos investigaciones acerca
del TDAH del tipo predominantemente inatento,
o lo que antes se llamaba trastorno por déficit
de atención sin hiperactividad. Los resultados
de las investigaciones sugieren algunas diferencias
cualitativas entre los problemas de atención
que estas personas presentan y los que presentan
otros tipos del TDAH, en donde el comportamiento
hiperactivo o impulsivo está presente.
El TDAH del tipo predominantemente inatento parece
estar más asociado con “soñar
despierto”, pasividad, lentitud, dificultades
con la atención selectiva o enfocada (seleccionar
entre información importante y no importante),
procesamiento lento de información, confusión
mental, aprenhensión social o timidez,
hipoactividad y la recuperación inconsistente
de información de la memoria. También
es considerablemente menos probable que esté
asociado con impulsividad (por definición)
así como con comportamiento oposicional-desafiante,
problemas de conducta o delincuencia. De continuar
demostrándose estas diferencias en investigaciones
futuras, habría, en efecto, una buena razón
para ver este subtipo como un desorden separado
y distinto del TDAH.
Prevalencia
En los Estados Unidos, se estima que el TDAH
ocurre en aproximadamente el 3-7% de la población
infantil y aproximadamente en el 2-5% de la población
adulta. Entre los niños, la proporción
por género es aproximadamente de 3:1, siendo
los varones más propensos que las niñas
a tener el trastorno. Entre adultos, la proporción
por género se reduce a 2:1 o menos. Se
ha encontrado que el trastorno existe virtualmente
en todos los lugares en los que ha sido investigado,
incluyendo América del Norte, América
del Sur, Puerto Rico, Gran Bretaña, Escandinava,
Europa, Japón, China, Turquía y
el Medio Oriente. Puede que al trastorno no se
le llame TDAH en algunos de estos lugares, y que
no sea tratado de la misma manera que en Estados
Unidos y Canadá, pero hay pocas dudas de
que el trastorno es virtualmente universal entre
las poblaciones humanas. Es más probable
encontrar el trastorno en familias donde otros
tienen el trastorno o donde la depresión
es más común. También es
más probable que ocurra en aquellos con
problemas de conducta y delincuencia, trastornos
de tic o síndrome de Tourette o problemas
de aprendizaje, al igual que en personas con un
historial de exposición prenatal al alcohol
o al humo del tabaco, nacimiento prematuro o peso
significativamente bajo, o trauma significativo
de las regiones frontales del cerebro.
Etiologías
Las investigaciones indican que el TDAH tiene
una contribución biológica muy fuerte.
A pesar de que aún no se han identificado
causas precisas, hay pocas dudas de que la herencia
/ genética hace la contribución
mayor a la expresión del trastorno en la
población. El promedio estimado en que
el TDAH se hereda es de aproximadamente un 80%,
queriendo decir que los factores genéticos
explican el 80% de las diferencias entre personas
con este conjunto de rasgos conductuales. A modo
de comparación, considerese que esta cifra
iguala a aquella para el papel que desempeña
la genética en la estatura humana. Los
investigadores han identificado varios genes asociados
con el trastorno y , sin duda, van a identificar
más, dado que el TDAH representa un conjunto
de rasgos conductuales complejos y por tanto,
es poco probable que un solo gen pueda explicar
el trastorno. En aquellos casos en los que la
herencia no parece ser un factor, se ha encontrado
que las dificultades durante el embarazo, la exposición
prenatal al alcohol o al humo del tabaco, el parto
prematuro y el peso significativamente bajo al
nacer, y los niveles excesivamente altos de plomo
en el cuerpo, así como el daño postnatal
a las regiones prefrontales del cerebro, son factores
que contribuyen al riesgo del trastorno en grados
variados. A pesar de la contribución de
estas experiencias, la gran mayoría de
los niños con este diagnóstico no
tiene daño cerebral. Las investigaciones
empíricas no han apoyado las creencias
populares de que el TDAH surge de un consumo excesivo
de azúcar, de aditivos en los alimentos,
de exposición excesiva a la televisión
o del pobre manejo del niño por los padres.
Algunos medicamentos usados para tratar trastornos
convulsivos en niños pueden tener efectos
secundarios que aumenten los síntomas de
TDAH, pero estos efectos son reversibles.
Tratamiento
No se ha encontrado ningún tratamiento
que cure este trastorno, pero existen muchos que
pueden ayudar efectivamente con su manejo. Dentro
de estos tratamientos lo principal es, en el caso
de los niños, la educación de la
familia y del personal escolar acerca de la naturaleza
del trastorno y su manejo; en el caso de los adultos
con el TDAH, la educación y consejería
de éstos y de los miembros de su familia.
Sin embargo, entre los tratamientos que resultan
en mayor grado de mejoría de los síntomas
del trastorno, las investigaciones apoyan abrumadoramente
el uso de los medicamentos (p.e., metilfenidato
[Ritalin, Rubifen], d-anfetamina [Dexedrine],
una combinación de diferentes formas de
anfetamina [Adderall] y en casos raros, pemolina
[Cylert]). La evidencia también muestra
que los antidepresivos tricíclicos, en
particular la desipramina, también pueden
ser efectivos en el manejo de los síntomas
del trastorno, así como de los síntomas
coexistentes de ansiedad o de un trastorno del
estado de ánimo. No obstante, estos antidepresivos
no parecen ser tan efectivos como los estimulantes.
La evidencia de las investigaciones es más
bien variada en términos de si la clonidina
es o no de beneficio específico para el
manejo de estos síntomas, aparte de sus
conocidos efectos de sedación. Un pequeño
porcentaje de las personas con el TDAH puede requerir
combinaciones de estos u otros medicamentos para
el manejo de su trastorno.
Los tratamientos psicológicos, tales como
la modificación de conducta en el aula
y el adiestramiento a padres en métodos
de manejo de la conducta del niño, han
demostrado producir beneficios a corto plazo en
estos escenarios. Sin embargo, las mejorías
que rinden están limitadas frecuentemente
a aquellos escenarios en los que el tratamiento
está ocurriendo y no se generalizan a otros
escenarios que no son incluidos en el programa
de manejo. Más aún, estudios recientes
sugieren que, tal como con los medicamentos discutidos
anteriormente, las ganancias obtenidas durante
el tratamiento pueden perderse una vez que el
tratamiento haya terminado. Por tanto, parece
ser que los tratamientos para el TDAH deben ser
combinados frecuentemente y deben ser mantenidos
por períodos largos de tiempo para sostener
los efectos iniciales del tratamiento. Con relación
a esto, el TDAH debe verse como cualquier otra
enfermedad médica crónica que requiere
tratamiento continuo para su manejo efectivo.
Pero cuyo tratamiento no libra a la persona del
trastorno. Algunos niños con el TDAH pueden
beneficiarse de adiestramiento en destrezas sociales
siempre que éste se incorpore a su programa
escolar.
Los tratamientos con poca o ninguna evidencia
empírica de efectividad incluyen el manejo
dietético (tal como altas dosis de vitaminas,
minerales, microelementos u otros remedios naturales
populares, así como la eliminación
del azúcar en la dieta), la bioretroalimentación,
el tratamiento quiropráctico o el adiestramiento
en integración sensorial, a pesar de la
popularidad de algunos de estos acercamientos
terapéuticos. La psicoterapia a largo plazo,
la terapia de juego y otros enfoques psicoterapéuticos
pueden ser de valor para tratar las dificultades
psicológicas que están asociadas
al TDAH. Sin embargo, no hay evidencia empírica
en cuanto a su efectividad para el tratamiento
del trastorno en sí.
El tratamiento del TDAH requiere una evaluación
comprensiva de los aspectos conductuales, psicológicos,
educativos y, a veces, médicos, seguida
por la educación de la persona o los miembros
de su familia acerca de la naturaleza del trastorno
y los métodos probados como efectivos para
ayudar en su manejo. Es probable que el tratamiento
sea multidisciplinario, requiriendo la asistencia
de las profesiones de la salud mental, educativas
y médicas en varios puntos a lo largo de
su trayectoria. El tratamiento debe ser provisto
por períodos largos para ayudar a aquellos
con el TDAH en el manejo continuo del trastorno.
Al hacer esto, muchos pueden llevar vidas satisfactorias,
razonablemente ajustadas y productivas.
El tratamiento del TDAH exige la integración
de una serie de medidas:
Tratamiento ambiental. El chico con TDAH debe
ser comprendido. No debe ser inculpado por su
falta de atención ni por su hiperactividad,
que él, por sí mismo, no es capaz
de controlar.
Tratamiento pedagógico. Debe ser encauzado
de forma estrecha, prestándole una atención
individual, cuidando de que se fije en las cosas,
y asegurándonos de que ha comprendido un
tema antes de pasar al siguiente. Es frecuente
que el chico con TDAH pase desapercibido hasta
5º o 6º de EGB. Hasta ese curso depende
de un solo profesor, el cual puede llegar a conocer
bien las características de cada chico
y programar a lo largo del día las actividades
para que los 2 ó 3 chicos con TDAH de su
grupo se mantengan activos la mayor parte del
tiempo. Pero a partir de 5º o 6º, la
existencia de varios profesores distintos, con
tiempos limitados (alrededor de 1 hora) para cada
clase, hace que el chico con TDAH pase las horas
sin enterarse, y sin que nadie se entere de que
él no se entera. El funcionamiento escolar
deun chico con TDAH dependerá de su propio
nivel de inteligencia, de si se encuentra o no
un tratamiento médico adecuado, de si sus
profesores comprenden o no sus dificultades, y
de si se ponen o no los medios para corregirlas.
Es necesario capacitar al chico hiperactivo para
tener una mejor adaptación escolar e impedir
que se vuelva resentido e inseguro. Lo más
adecuado es adaptar el ambiente a las necesidades
de estos chicos, lo cual impone tener que dar
consejos prácticos a los padres y ayudarlos
a aplicar técnicas concretas para tratar
a los chicos. La educación de padres y
maestros, en lo que son los problemas de los chicos
hiperactivos y cómo manejarlos, parece
ofrecer la mejor esperanza para capacitar a los
pacientes a sentirse confiados y felices, a pesar
de las limitaciones de su temperamento.
Es probable que los chicos hiperactivos precisen
atención, no solamente por la hiperactividad,
la disatención y los trastornos de aprendizaje,
sino también por las desadaptaciones ambientales
y las alteraciones de comportamiento. En la parte
de este trabajo dedicada a alteraciones funcionales
del comportamiento hallaremos muchas de las pautas
que es necesario seguir con la familia, los maestros
y, en general, con los diversos ambientes donde
el niño vaya a desenvolverse. En el apéndice
7 exponemos un programa de modelación para
encauzar la conducta hiperactiva.
Tratamiento médico. Los mejores resultados
se han descrito con las amfetaminas (dextroamfetamina
especialmente). Sus riesgos (anorexia, potencial
aditivo) han promovido el empleo de sustancias
menos comprometidas; de ellas el metilfenidato
(alfa-fenil-2-piperidineacético-metil-ester),
la pemolina (2-amino-5-fenil-2-oxazolin-4-ona)
y el magnesio-pemolina son los de mayor difusión.
Probablemente el metilfenidato sea la más
empleada. Deben valorarse los efectos secundarios
(la anorexia puede acontecer, aunque en menor
grado que con las amfetaminas, y también
su acción inhibitoria de la secreción
de la hormona del crecimiento por las variaciones
que induce sobre ritmo de sueño).
Una opción interesante es la pemolina,
si bien las dosis aconsejables (1-2 mg por kg
de peso y día en una sola dosis, por la
mañana) obligan a recetarlo en formulación
magistral, habida cuenta de que en nuestro país
existe solamente en una asociación a dosis
fija de 10 mg por comprimido. Por otra parte,
posee los mismos riesgos que los demás
derivados fenil-etil-amínicos, al que se
añade el de inducción enzimática
hepática, sensiblemente mayor que con el
metilfenidato (el cual se metaboliza extrahepáticamente
en más del 80 %). En la tabla 2.1. exponemos
las particularidades de dichos medicamentos.
En aquellos casos en que el empleo de estimulantes
potentes conlleve un riesgo (antecedentes convulsivos,
hepatitis tóxica, etc.) podemos recurrir
a la piritioxina en dosis de hasta 900 mg por
día, o a la combinación de piracetam
(más de 3 g al día) y precursores
de la colina (citicolina, pirisuccideanol). Stewart,
en 1970, con una buena perspectiva temporal del
problema admitía que los psicoestimulantes
provocan tan buenos resultados que uno se ve tentado
a basar el tratamiento en el uso de un fármaco.
Advierte que el efecto de los estimulantes es
puramente sintomático y temporal, por lo
que el uso de éstos debe orientarse a capacitar
al chico hiperactivo para tener una mejor adaptación
escolar e impedir que se vuelva resentido e inseguro.
La historia del tratamiento con activadores está
ligada a la historia misma de la "disfunción
cerebral mínima". Según el
NIMH (National Institute of Mental Health, USA)
el 2% de niños en edad escolar (unos 400.000)
están bajo tratamiento estimulante (metilfenidato
y derivados fenil-etil-amínicos especialmente);
al mismo tiempo señala el NIMH que alrededor
de 4 millones serían los beneficiarios
potenciales de un tratamiento de este estilo.
Los primeros trabajos sobre el tema (Bradley,
Arnold) hablaban ya de resultados espectaculares.
Derivados de la fenil-etil-amina, metilfenidato,
fenetilina, cafeína, pemolina, derivados
del dimetilaminoetanol, precursores directos de
la colina (citicolina), piracetam, son los fármacos
más frecuentemente invocados.
Su efecto general: son estimulantes indirectos
de las catecolaminas, en especial dopamina, al
tiempo que inhiben la recaptación de la
dopamina por parte de las neuronas presinápticas.
El resultado es un aumento de activación
(arousal) en varias regiones cerebrales, entre
ellas la formación reticular ascendente,
cuyos efectos neurofisiológicos serían:
una disminución de la sincronía
cerebral, una aceleración del ritmo bioeléctrico
y una atenuación de la hiperexcitabilidad
neurónica. Desde el punto de vista neuropsicológico
se produce un incremento de los mecanismos de
alerta que conlleva una mejora de la concentración.
Según Eysenck los efectos sobre la percepción
y la forma de procesar la información,
provocan un "aumento de la introversión"
que conllevaría una disminución
de la hiperactividad. Clínicamente es factible
observar, en numerosos casos, la mejora de la
atención y la disminución de la
hiperactividad. Los resultados pueden llegar a
ser tan espectaculares que llaman mucho la atención
del observador no avisado.
¿Cuánto tiempo debemos mantener
el tratamiento?
Este es uno de los puntos que más suele
preocupar a los médicos no especialistas
y, no digamos, a los no médicos (psicólogos,
maestros, etc.) El tratamiento con activadores
es sintomático, pero tiene una finalidad
muy clara a medio-largo plazo: evitar la desadaptación
del niño y facilitar sus aprendizajes escolares
(al disminuir la hiperactividad y mejorar la concentración).
El tiempo de tratamiento es muy evidente: mientras
persista el trastorno de hiperactividad y falta
de atención. Es imprevisible de entrada
predecir tal duración. Normalmente el TDAH
suele perder fuerza a la entrada de la adolescencia,
por lo que no es raro tener que mantener al tratamiento
hasta los 13-14 años. Ello puede significar
muchos años de tratamiento (más
de 8 en algunos casos). Es pertinente, de vez
en cuando, cesar la medicación en forma
gradual para evaluar la respuesta respuesta y
decidir acerca de la pertinencia o no de continuar
el tratamiento.
Fármacos simpaticomiméticos para
el tratamiento del TDAH
Fármaco Dosis Efectos secundarios Comentarios
Dextroamfetamina 2.5 a 40 mg/día Insomnio.
Anorexia. Pérdida de peso. Taquicardia.
Tics. Baja el umbral convulsivante. Aprobada en
USA para niños de 3 años o más.
Dar la última dosis antes de las 2 de la
tarde. Antes de las 8 de la mañana en el
caso de formas retard.
Metilfenidato 10 a 60 mg/día idem. Retraso
del crecimiento estatoponderal. Aprobada en USA
para niños de 6 años o más.
Dar última dosis antes de las 2 de la tarde.
Repartir en dos dosis (mañana y mediodía).
Controles de peso y estatura.
Pemolina 37.5 - 112.5 mg/día idem. Posible
inducción enzimática hepática.
Aprobada en USA para niños de 6 años
o más. Una sola dosis antes de las 8 de
la mañana.
¿Qué riesgos tiene el tratamiento
con psicoestimulantes en niños con TDAH?
Los trastornos por déficit de atención
mejoran espectacularmente con el empleo de medicación
psicoestimulante. Tal medicación mejora
también la capacidad de concentración
en sujetos normales (Rapoport y col., 1980). La
medicación debe considerarse como una ayuda
temporal que va a mejorar la capacidad de concentración
al tiempo que disminuye la hiperactividad. No
debe emplearse como un fin, en sí, sino
como un medio para lograr que el niño mantenga
unas pautas de conducta más adaptativas
que las derivadas de su trastorno, y para que
sus posibilidades de aprendizaje no se encuentren
disminuídas por la disatención.
Por supuesto, debe administrarse bajo un riguroso
control de los riesgos (crecimiento, inducción
enzimática, anorexia, insomnio y habituación).
La verdad es que se relatan muy escasos problemas
reales de secundarismo en la bibliografía
paidopsiquiátrica a pesar de que los medicamentos
psicoestimulantes simpáticomiméticos
son etiquetados a veces como "drogas".
No es extraño que en los circuitos marginales
del mercado negro se vendan como tales. Bajo los
nombres de "speed", "amfetas",
"furia", y otros no menos significativos,
los derivados simpaticomiméticos gozan
de predicamento entre los consumidores de estimulantes.
Derivados ilegales más sofisticados, como
el "extasis", gozan de pretendidas virtudes
afrodisíacas. La cocaína sería
el "hermano mayor ilegal", aunque la
verdad es que la administración de anfetamina
pura por vía nasal "engaña"
a los habituales de la "nieve" (cocaína).
Pero estas cicunstancias no deben desalentarnos
a indicar la administración controlada
de tales fármacos cuando están médicamente
indicados. Los efectos indeseables más
limitantes serían: detención (transitoria)
del crecimiento, incremento de la ansiedad, empeoramiento
del hipertiroidismo, empeoramiento de las psicosis
y disminución del umbral convulsivante.
La detención del crecimiento no está
en absoluto clara, y, al parecer, no correlaciona
con pretendidos trastornos del sueño (lo
que interferiría en la producción
de hormona del crecimiento durante la noche).
Es fácil de controlar, y no resulta definitiva.
En estos casos se recomienda interrumpir el tratamiento
durante los fines de semana y los periodos vacacionales,
lo que no sería necesario en caso de no
aparecer este efecto adverso. Si, aún así,
persistiera, debería considerarse la posibilidad
de interrumpir el tratamiento con fármacos
activadores.
En el caso de aparecer náuseas, anorexia
o pérdida de pero, se deberá administrar
la medicación con las comidas y recomendar
alimentos con alto valor calórico. Los
fenómenos de rebote pueden obviarse empleando
activadores con vida media más larga (pemolina).
En el caso de aparecer ansiedad, agitación
o irritabilidad, deberá ajustarse la dosis.
De todas formas la evaluación sería
distinta en el caso de aparecer la ansiedad tras
la administración (fase de elevación
del nivel plasmático) en cuyo caso deberíamos
disminuir la dosis, o al finalizar el efecto (fase
de caída del nivel plasmático) lo
que aconsejaría aumentar la dosis o pasar
a fármacos de vida media larga. Los efectos
secundarios más graves serían la
dependencia psíquica o física, relacionados
con un aumento de la tolerancia.
No existen evidencias en cuanto a desarrollo
de tolerancia en el empleo de simpaticomiméticos
en el tratamiento del TDAH infantil.
Los efectos secundarios citados no resultan difíciles
de controlar y de tratar, aparte de que son realmente
infrecuentes en niños. Los problemas de
mala imagen social no deberían influir
negativamente haciendo que los médicos
infrautilicemos un tratamiento clínicamente
comprobado, y que ha superado los controles más
rigurosos del mundo (como son los efectuados por
la FDA en USA). La eficacia de los simpaticomiméticos
en TDAH llega al 80% .
Interacciones de la medicación
Los simpáticomiméticos enlentecen
el metabolismo de los antidepresivos tricíclicos
(lo que se emplea a veces como ventaja en el tratamiento
de las depresiones resistentes) aumentando los
niveles plasmáticos. Lo mismo sucede con
la warfarina, primidona, fenobarbital y difenilhidantoína.
Aunque es de escasa o nula importancia en niños,
hay que recordar la disminución del efecto
terapéutico que provocan en los antihipertensivos.
Está asimismo contraindicada su asociación
con IMAO.
Martín
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