Estudian los componentes afectivos de la personalidad,
realizando una evaluación cuantitativa
de los procesos psíquicos que participan
en la organización de la personalidad.
Dos tipos: cuestionarios y tests proyectivos.
Cuestionarios. C. de personalidad infantil de
Cattell. Diseñado para ser respondido por
niños de 6 a 12 años, puntúa
refiriéndose a 12 rasgos de personalidad
analítico-factoriales. No ha sido utilizado
de modo generalizado (2).
Tests Proyectivos. Basados en
el concepto de proyección. La interpretación
de un estímulo reside en la problemática
interna del sujeto. Comentaremos tres:
Test de Rorschach. Se puede aplicar
al niño sin más limitación
que las posibilidades de expresión verbal.
Consiste en 10 manchas de tinta: cinco en blanco
y negro, las restantes policromadas, que se presentan
en cartulinas numeradas (I a X). La técnica
de interpretación se basa en presupuestos
psicodinámicos (procesos primario y secundario,
nivel de organización libidinal, mecanismos
de defensa del yo...). En un primer nivel se analiza:
respuestas globales en relación a los detalles,
importancia de los detalles blancos, calidad de
los determinantes formales, respuestas cinestésicas
y de color (definen la resonancia íntima:
extrovertido, introvertido, ambigüo o coartado),
respuestas totales por lámina...En el segundo
nivel: la naturaleza de los procesos psíquicos
que articulan el nivel perceptivo con el imaginativo
(11).
Test de Apercepción Temática
(TAT). Compuesto por 30 láminas
que presentan escenas con personajes en situación
ambigüa, excepto la última que es
blanca. El paciente debe contar una historia inventada
de acuerdo con el material que se le ha presentado.
Puede aplicarse a partir de 11-12 años.
"Lápiz y papel". Que precisa
un material muy reducido y es una variante del
dibujo infantil. La observación de cómo
manipula el niño el lápiz y el papel,
proporciona información valiosa. El dibujo
de la figura humana, del árbol, de la familia,
son instrumentos auxiliares en la exploración.
ESCALAS SINDROMICAS
Hiperactividad
Escala de Conners (12). Su objetivo es evaluar
la conducta en casos de T. hipercinético.
La escala para padres consta de 93 items que estiman
la gravedad sintomática y las circunstancias
de aparición de la sintomatología.
El cuestionario para maestros consta de 39 items,
que exploran la participación grupal, las
relaciones con la autoridad y la conducta general.
Existe una forma abreviada, con los 10 items más
sobresalientes, y puede ser realizada por padres,
maestros o cualquier otro observador en los protocolos
de tratamiento. Por análisis factorial
se perfilan cuatro factores: trastornos de conducta,
distraibilidad-pasividad, hiperactividad y tensión-ansiedad.
Otras escalas:
"Diagnostic Interview for Children and Adolescent
(Loney, 1.987),
" Hiperkinetic Rating Scale (Davis) y el
Inventario para Maestros de Quay y Peterson.
Depresión
"Children Depressive Rating Scale-Revised",
(CDRS-R) (Escala de puntuación de la depresión
en la infancia- revisada) (13). Inspirada en la
escala de depresión del adulto de Hamilton.
Consta de 17 items, 14 precisados sobre el discurso
del niño, 3 referidos al plano no verbal.
Cada item se puntúa de 1 a 7; significando
1 un comportamiento normal, 3 una patología
leve y 5 o más una psicopatología
severa. Algunos items como los referidos a sueño,
alimentación y los aspectos verbales puntúan
de 1 a 5. Una puntuación final de 40 a
60 caracteriza un estado depresivo moderado o
ligero; superior a 60 estima un estado depresivo
severo.
"Children Depression Inventory" (CDI)
(Cuestionario de depresión para niños)
(14). Es una adaptación del cuestionario
de Beck de la depresión (BDI). Consta de
27 items, a cada uno de los cuales corresponden
tres frases, numeradas de 0 a 2. El niño
debe escoger la que mejor se adecúe a su
estado afectivo en los últimos días.
Se aplica a niños y adolescentes de 7 a
17 años.
Otras escalas y cuestionarios estructurados son:
"Schedule for Affective Disorders and Schizophrenia",
(K-SADS) (Cuestionario infantil para los trastornos
afectivos y la esquizofrenia) (15), y el
"Diagnostic Interview for Children and Adolescent",
(DICA) (Entrevista diagnóstica para niños
y adolescentes) (16).
Trastorno obsesivo compulsivo
"Leyton Obsessive-compulsive Inventory-Children
Version", (LOI-CV) (Inventario de obsesiones
de Leyton) (17). Es una adaptación de la
versión del adulto. Consta de 44 items,
que se responden entre sí o no, según
estén presentes o ausentes. Se valora también
la interferencia que en el funcionamiento del
niño ocasionan las obsesiones y rituales
y la capacidad del niño de resistir las
compulsiones. Se aplica a niños y adolescentes
de 8 a 18 años. Es una escala de autoevaluación.
El LOI-CV diferencia significativamente a los
niños obsesivos de los controles.
"Yale-Brown Obsessive Compulsive Scale for
Children" (YBOCS-C) (Escala obsesivo compulsiva
Yale-Brown) (18). Adaptación de la escala
de Goodman para los adultos. Valora: obsesiones
y rasgos de personalidad obsesiva. Es una escala
de heteroevaluación.
Ansiedad
"Revised Children's Manifest Anxiety Scale",
(CMAS-R) (Escala Revisada de ansiedad manifiesta
para niños) (19). Evalúa el estado
general de ansiedad en el niño. Compuesta
por 53 items, de los que 42 corresponden a ansiedad,
siendo el resto items "falsos". Es autoaplicada
y de fácil respuesta (sí o no).
"State-Trait Anxiety Inventory for Children",
(STAIC) (Cuestionario de ansiedad rasgo-estado
para niños) (20). Consta de dos subescalas
de 20 items cada una. Miden: ansiedad transitoria
y generalizada.
Autismo
"Childhood autism Rating Scale", (CARS)
(Escala de puntuación del autismo en la
infancia) (21). Se considera una escala con elevado
poder discriminativo. Está formada por
15 items, que puntúan de 1 a 4. Se clasifica
a los niños según la intensidad
de los síntomas: no autista (15-29,5),
autismo moderado (30-36,5) y autismo severo (37-60).
"Behavior Rating Instrument for Autistic
and Atipical Children", (BRIAAC) (Instrumento
de puntuación de niños autistas
y atípicos) (22). Explora algunas áreas
de la conducta del niño: relación
con los adultos, vocalización, lenguaje,
comunicación, respuesta social...Los resultados
reflejan desde la normalidad a la afectación
más severa.
Otros: "Behavior Observational
Scale for Autism", (BOS) (Escala de observación
de la conducta para el autismo) (23); ECA, (Escala
de comportamientos autísticos) (24); ABC,
(Listado de conductas para el autismo) (25).
ESCALAS GLOBALES
"Child Behavior Check-list", (CBCL)
(Listado de comprobación de la conducta
del niño) (26). Estudia el comportamiento
de los niños de 4 a 16 años. Obtiene
información acerca de trastornos emocionales,
comportamentales y sociales. Evalúa: competencia
del niño en las tareas habituales de la
vida cotidiana, las relaciones sociales y los
rendimientos escolares. La CBCL parece ser un
instrumento fiable para distinguir niños
con psicopatología de población
general. Posee una sensibilidad del 67% y una
especificidad del 74% (27).
"Child Psichiatric Rating Scale" (28).
Evalúa el campo de la psicopatología
infantil por medio de 63 items. Estudia los siguientes
perfiles psicopatológicos: I síntomas
psicóticos, II hostilidad, III hiperactividad,
IV ansiedad, V trastornos del pensamiento, VI
sintomatología neurótica, VII depresión,
VIII excitabilidad afectiva, IX retraimiento,
X antisocialidad, XI sintomatología orgánica,
XII trastornos del lenguaje, XIII trastornos del
sueño, XIV alimentación y XV enuresis.
"Children Global Assessment Scale",
(C-GAS) (29). Evalúa globalmente los trastornos
mentales del niño. Conduce a una puntuación
entre 1 y 100. Se hace referencia al nivel de
funcionamiento por tramos de 10 puntos (nivel
1 a 10, nivel 11 a 20...nivel 91 a 100). Las puntuaciones
superiores a 70 indican un buen nivel de funcionamiento;
las inferiores a 50 señalan a niños
con necesidad de intervención terapéutica.
Esta escala deriva de otra anterior, la GAS. Los
autores del DSM-III-R (APA, 1987) se inspiraron
en la GAS y en la C-GAS para desarrollar el eje
V (Evaluación Global del Funcionamiento).
FORMULACION DIAGNOSTICA
La elaboración diagnóstica en Psiquiatría
infanto-juvenil es compleja. La psicopatología
del niño y adolescente presenta una serie
de mediadores, que la hacen diferente a la psicopatología
general (del adulto). Intentar una definición
de la formulación diagnòstica en
el total de los trastornos psicopatológicos
es impensable en el contexto de esta pequeña
sección.
La evolución, el desarrollo, condiciona
totalmente la psicopatología. Por una parte,
hay síntomas que pueden considerarse normales
o patológicos a tenor del desarrollo. La
emisión espontánea de orina nocturna
se considera anormal y se diagnostica como enuresis
en un niño de 6 años; pero no en
uno de 3. Los rituales obsesivos o compulsivos,
vivenciados lúdicamente, se pueden considerar
normales en un niño de 9 años, por
ejemplo; pero no a otras edades. Por otra parte,
existen trastornos específicos para algunas
edades, pensemos en los trastornos generalizados
del desarrollo; por contra, nadie pretendería
diagnosticar un trastorno de personalidad en un
niño de 2 años. El énfasis
se debe poner en el niño o adolescente
como un ser en desarrollo; el conocimiento de
las etapas del desarrollo es fundamental en psicopatología
infantil. El clínico debe observar el comportamiento
habitual del niño o adolescente y compararlo
con el esperado para la etapa del desarrollo.
La familia es esencial en el desarrollo emocional,
cognitivo y social de niños y adolescentes.
Constituye el primer y más importante agente
de socialización. Desde esta perspectiva,
cualquier fenómeno que altere de modo importante
el funcionamiento familiar, tiende a alterar e
interferir en el desarrollo y conducta del niño
o adolescente. En algunas ocasiones es preciso
un análisis formal de la dinámica
familiar antes de elaborar conclusiones diagnósticas.
Factores importantes a valorar son: el grado de
tolerancia de los padres ante el comportamiento
de los hijos, el que frecuentemente se impliquen
en la psicopatología (colaboración
en rituales del TOC, pautas inadecuadas en leves
trastornos...) y la posible existencia de psicopatología
en ellos mismos.
Aunque los padres sean los principales suministradores
de información, no deben ser los únicos;
otras fuentes deben ser consultadas. La información
debe ser diversificada, han de escucharse las
opiniones de otras personas del entorno (maestros,
otros familiares...).
Generalmente, los niños y adolescentes
son traídos a consulta por sus padres;
los niños desconociendo los motivos, los
adolescentes en claro desacuerdo. El papel del
juego es esencial en la aproximación, exploración
y obtención de una buena relación
con el niño; las dificultades ante el adolescente
son enormes, la imagen de adulto del terapeuta
ante aquél. Como vemos, la situación
es muy diferente al caso del adulto que acude
a una entrevista relativamente consciente de su
trastorno o sufrimientos.
Los antiguos temores exagerados a las contractitudes
ocasionadas por los diagnósticos, deben
ser, en cierto modo, abandonados. Si bien, es
cierto que no se debe "roturar" a los
niños o adolescentes con diagnósticos
de trastornos que se superarán con el tiempo
y que puedan interferir con el desarrollo posterior.
Tras una entrevista clínica, con su historia
y su exploración psicopatológica,
se impone un diagnóstico, base de la opción
terapéutica.
Es importante comentar las variaciones y diferencias
en las clasificaciones nosológicas internacionales
más actuales. Ejemplificaremos este tema
con la ansiedad infantil. En la DSM-III-R (30),
los trastornos por ansiedad en la infancia y adolescencia
son: Trastorno por angustia de separación,
evitación y ansiedad excesiva; cuando en
la CIE-10 se contemplan en este contexto cinco
categorías: trastorno por ansiedad de separación,
ansiedad fóbica, hipersensibilidad social,
rivalidad entre hermanos, otros trastornos y el
trastorno sin especificación. Parece que
las concepciones acerca de la ansiedad infantil
son muy diferentes de una clasificación
a otra.
El solapamiento entre trastornos es frecuente.
Pensemos: trastorno hipercinético-trastorno
de conducta, depresión-trastorno de conducta,
ansiedad de separación-fobia escolar, sólo
por citar algunos ejemplos. Respecto al último,
actualmente se piensa que son trastornos diferentes;
así en la ansiedad de separación,
la angustia del niño se manifiesta siempre
que se separa de la madre o persona significativa,
mostrando el niño temores y miedos irracionales
sobre posibles daños que puedan acontecer
a aquellas personas; mientras que en la fobia
escolar el miedo está centrado en el colegio.
El rechazo escolar será en unos casos una
fobia estricta, en otros una respuesta fóbica
en un trastorno por ansiedad de separación.
El diagnóstico diferencial puede ser complicado.
El trastorno de conducta o disocial, debe ser
evaluado en profundidad, descartando otros trastornos
psicopatológicos (esquizofrenia,trastornos
del estado de ánimo, trastorno hipercinético).
En ocasiones será la evolución y
el pronóstico, tan diferente en uno u otro
caso, quienes contribuirán a un diagnóstico
definitivo.
Martín
de Zamora 4602 Las Condes - Santiago - Chile Fonos 206.06.72 -
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