Autismo:
una breve mirada desde la neuropsicología
“¿La neuropsicología, rama
de la neurociencia, dentro de otras cosas se enfoca
en estudiar la relación entre el cerebro
y las funciones psicológicas superiores
tanto en sujetos sanos como en aquellos que han
sufrido algún daño cerebral. Uno
de los diversos cuadros clínicos en los
que se ha desarrollado es el autismo, un trastorno
del desarrollo de inicio temprano, que se da mayormente
en hombres que mujeres (3:1) y afecta el modo
como el niño ve el mundo, se relaciona
con él y aprende de sus experiencias. Según
los criterios diagnósticos actuales (CIE-10,
DSM-IV) posee tres síntomas nucleares:
alteración en la interacción social,
dificultades en la capacidad de comunicación
y restricción del ámbito de intereses.
Frecuentemente en los pacientes autistas se observan
síntomas diferentes a los de la triada
diagnóstica, por ejemplo respuestas anormales
a los estímulos sensoriales, preocupación
excesiva por algunos objetos y determinadas habilidades
especiales. Estos son prescindibles para el diagnóstico,
sin embargo nos sirven para comprender mejor el
cuadro. Además, si sumamos los diferentes
factores que influyen en los niños en el
correr de los años, da como resultado diversos
perfiles neuropsicológicos.
Algunos autistas presentan habilidades especiales
en tareas cognitivas. Éstas pueden llegar
a tener rendimientos sobre la norma y contrastan
con el descenso en las áreas sociales y
de comunicación. En relación al
supuesto sustrato neuropsicológico, no
es posible extraer un denominador común
dado que estas habilidades son muy diversas. Sin
embargo, su estudio ayuda a comprender neuropsicológicamente
el autismo. Así, se puede observar que
las habilidades especiales son altamente estructuradas,
evidenciando algún tipo de facilitación
por su regularidad (Mottron et al) que, a modo
muy general, permiten agruparlas en tres tipos:
las perceptivas, las memorísticas y las
operativas. Por lo tanto, si estas habilidades
especiales se mantienen en el tiempo y pasan a
ser estables en su conducta, se convierten en
uno de los tres criterios de diagnóstico
clínico: ”comportamientos repetitivos
y restricción de intereses".
Desde los años 80, la neuropsicología
en el autismo comenzó a abrir nuevas líneas
de trabajo, pasando de forma paulatina de las
mediciones cognitivas a las de los déficit
sociales y ejecutivos. Así surgieron dos
importantes teorías: “la teoría
afectiva” de Hobson (1986) y “la teoría
de la meta representación” de Baron-Cohen
(1988), que se sumaron a las clásicas mediciones
cognitivas. Por lo tanto, realizar una evaluación
a un niño autista es muy diferente en cada
caso, según la presencia o ausencia de
retardo mental, el grado en que se manifieste
y las diferentes habilidades especiales que posea.
La triada diagnóstica del autismo interfiere
en sus funciones cognitivas. Del punto de vista
de la perspectiva neuropsicológica, los
descensos cognitivos se relacionarían con
las estructuras corticales y los déficit
sociales a estructuras subcorticales. No obstante
es muy complejo y difícil discriminar las
funciones neuropsicológicas implicadas
cuando interactúan entre sí y le
sumamos la restricción de intereses. Dentro
de las diferentes dificultades que presenta un
niño con autismo, en general podemos ver
que, en su lenguaje la producción es mejor
que la comprensión; en las habilidades
motoras, las finas son superiores a las gruesas;
la manipulación está menos afectada
que las habilidades verbales y la capacidad visoespacial
es superior a las con requerimiento temporal.
Actualmente se considera que el autismo es un
cuadro con base biológica y que puede estar
asociado a diferentes enfermedades. En cuanto
al sustrato neurobiológico de las alteraciones
neuropsicológicas que se ven en el autismo,
se puede señalar que es complejo y no está
claramente definido. A grandes rasgos, es posible
ubicar las estructuras responsables de la mayoría
de los síntomas más característicos
del autismo, siendo éstas el frontoestriado,
las estructuras temporales mediales y sus conexiones
con el sistema límbico y el cerebelo. El
primero afecta a la memoria de trabajo, mecanismos
de inhibición y la planificación,
aunque a veces también origina estereotipas.
Las segundas, controlan algunos aspectos sociales,
las emociones y la memoria, mientras que el último,
tiene relación con las habilidades visomotoras,
la flexibilidad de la atención en algunos
procesos de aprendizaje y en la conducta afectiva.
Se han realizado grandes avances desde que Leo
Kanner describió el autismo 1943, sin embargo
aún existen muchas preguntas sin respuestas.
Además, dado las importantes repercusiones
sociales y personales que presenta este cuadro
a lo largo de toda la vida de un individuo, hace
imprescindible continuar estudiándolo y
la neuropsicología es otra forma de proporcionar
información.
Martín
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