Dr.
César Soutullo Esperón
Especialista en Psiquiatría
Consultor Clínico. Departamento de
Psiquiatría y Psicología Médica
CLINICA UNIVERSIDAD DE NAVARRA
¿Cuales
son los miedos y ansiedad normales en niños?
En los niños normalmente abundan los miedos,
tanto a los extraños o personas ajenas
al círculo familiar, como a los ruidos
fuertes, animales, tormentas, oscuridad... La
mayoría de éstos miedos se resuelven
espontáneamente al ir creciendo el niño.
Pero si el niño tiene un miedo exagerado
o desproporcionado que interfiere con su vida
diaria, esto puede indicar que existe un problema.
Cuando el niño nos diga que tiene miedo
a algo, los padres pueden ayudarle a superarlo:
1.-Reconocer que
el niño lo está pasando mal,
preguntarle sobre lo que tiene miedo y tratar
de entenderle (un niño no quería
sacarse sangre en la consulta, pero se calmó
cuando su madre le explicó que no le
iban a sacar TODA la sangre, sólo un
tubito); 2.-No ignorar ni minimizar
el miedo, no decirle “no seas
tonto, ya eres mayor, los niños no lloran,
como vas a tener miedo a…(las arañas,
el colegio, los truenos, la noche…)”
3.-No forzarle a enfrentarse
al miedo. Si tiene miedo a la oscuridad,
mejor dejar la luz del pasillo encendida hasta
que se duerma; 4.- No enseñarle a temer las
cosas. Si somos sobreprotectores, el
niño piensa que algo malo puede pasar
cuando mis padres me protegen tanto; 5.- Preparar al niño para experiencias
nuevas. Antes de entrar en una situación
nueva contarle cómo va a ser con el mayor
detalle posible. También se puede leer
un libro con el niño sobre la situación
que origina el miedo (insectos, aviones…)
¿Qué es la ansiedad por
separación?
Cualquier padre que lleve a sus niños
de educación infantil o principio de primaria
al colegio, ha visto las diferentes reacciones
de cada niño al dejarlos. Muchos se despiden
tranquilamente de los padres; otros van de la
mano y no se sueltan hasta el último momento;
a algunos se les ve tristes, preocupados y casi
lloran al despedirse de los padres, y unos pocos
se agarran al cuello de la madre llorando y hay
que entrar con ellos a la clase para allí
separarlos casi a la fuerza. Todas éstas
son reacciones normales en los niños entre
3 y 8 años. Los síntomas de ansiedad
son más frecuentes si es la primera vez
que el niño va al colegio, si se trata
de un colegio nuevo, o al pasar de educación
infantil a primaria. Según pasan las semanas
de Septiembre y Octubre, hay que esperar que los
niños poco a poco se vayan acostumbrando
y cada vez menos niños presentarán
síntomas de ansiedad al dejarlos en el
colegio. Sin embargo, algunos niños seguirán
teniendo éste miedo intenso y gran dificultad
para quedarse en el colegio. Estos niños
pueden tener un problema llamado ansiedad por
separación y deberían ser evaluados
por su médico. Algunos niños lo
pasan mal cada año al principio de colegio,
o en los cambios de ciclo, pero lo superan sin
mayor problema.
El trastorno de ansiedad por separación
tiene una prevalencia de vida de un 4%. Es decir,
el 4% de los niños lo sufrirán durante
su infancia. Generalmente empieza entre los 7
y 9 años y es una de las principales razones
por las que los niños acuden a la consulta
de un psiquiatra infantil o psicólogo.
El niño muestra un miedo intenso y desproporcionado
cuando se separa de sus padres, cree que puede
pasarle algo malo a él o a sus padres.
Lo manifiesta no queriendo ir al colegio, ni a
otros lugares en los que va a estar sin sus padres
(excursiones, casa de amigos etc). El niño
también lo pasa muy mal si los padres salen,
por eso los padres suelen renunciar a salir ellos
solos ante la imposibilidad de dejar al niño
con otra persona. Además, tienen ansiedad,
rabietas, incluso quejas físicas, como
molestias abdominales, vómitos y mareos,
que mejoran rápidamente al volver con los
padres. A veces éstos síntomas físicos
de la ansiedad hacen que los padres lleven al
niño al pediatra, pero no se encuentra
una causa física al dolor de estómago,
vómitos, mareos, etc. Los síntomas
aparecen más frecuentemente por la mañana
antes de ir al colegio o los domingos por la noche,
y no están presentes en fines de semana
o durante vacaciones, puentes, etc.
Si el niño no pierde el miedo al colegio
y sigue teniendo síntomas, debe ser evaluado
para descartar un problema de ansiedad por separación.
El tratamiento es sencillo y eficaz. Consiste
en una exposición repetida y gradual al
estímulo que crea su ansiedad (ir al colegio).
Al principio se puede quedar la madre o el padre
un ratito en el colegio, luego éste tiempo
se hace gradualmente más corto y sólo
ayudarle a quitarse el abrigo. Al despedirse hay
que hacerlo rápido, pues prolongar la despedida
no va a hacer que mejore la ansiedad y puede que
le preocupe más si nota que nos cuesta
trabajo dejarle solo. Se le debe asegurar que
todo va a ir bien, y que le estaremos esperando
después de clase (es importante hacerlo,
y no llegar tarde a recogerle y tenerle esperando).
Como el niño tiene poco concepto del tiempo,
se le puede decir que el profesor le va a contar
unos cuentos y después de unos juegos vendremos
a recogerle. A veces se necesita que los primeros
días, el niño vea o llame a la madre
en el recreo, pero es importante que el niño
sepa que tiene que ir al colegio. Está
contraindicado buscarle un profesor particular
en casa para evitar la ansiedad, pues eso sólo
cronifica el problema. En algunos casos, si la
exposición gradual no es suficiente, es
necesario emplear medicación durante unas
semanas. El pronóstico es bueno, pero si
no se trata supone un riesgo al quedar el problema
“enquistado” y los niños pueden
presentar en el futuro otros trastornos de ansiedad
o incluso depresión.
¿Qué es el Trastorno Obsesivo
Compulsivo (TOC)?
El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es un
trastorno de ansiedad en el que el niño
o adolescente presenta generalmente obsesiones
y también compulsiones, aunque a veces
sólo tiene obsesiones o sólo compulsiones.
Al menos alguna vez, el niño reconoce que
las obsesiones o las compulsiones son excesivas
o absurdas. No se trata solamente de obsesiones
en el contexto de otros trastornos psiquiátricos
(como una obsesión por el peso en la anorexia,
o por la apariencia corporal en el trastorno dismórfico
corporal)
¿Qué es el trastorno de
ansiedad generalizada?
En el trastorno de ansiedad generalizada el niño
tiene una preocupación constante y desproporcionada
y una sensación continua y muy molesta
de que algo malo va a suceder. Además,
una vez que empieza una preocupación esta
no se puede parar. Afecta del 2,7 al 4,6% de los
niños y adolescentes. Los niños
se suelen preocupar demasiado sobre si hacen bien
las cosas, son muy inseguros, excesivamente rígidos,
preocupados con la puntualidad, etc.
¿Qué es el trastorno por
ataques de pánico o de angustia?
A diferencia del trastorno de ansiedad generalizada,
en éste trastorno el niño o adolescente
tiene ataques recurrentes de crisis de pánico
o de angustia. Estos ataques de pánico
se caracterizan por aparición brusca e
inesperada de síntomas físicos como
taquicardia, sudoración intensa, temblor,
respiración rápida, sensación
de falta de aire, de ahogo, o de que no puede
tragar, sensación de frío o calor
y además síntomas psicológicos
como temor a morirse, a perder la razón
o a perder el control. La aparición de
estos síntomas se suele confundir con ataques
de asma o episodios de taquicardia de origen cardiacos,
pero la exploración física es normal.
El adolescente que tiene estos ataques puede no
querer salir de casa para que no le sorprendan
en sitios donde no puede pedir ayuda.
¿Qué es el Trastorno de
Stress Post traumático (TSPT)?
Otro trastorno de ansiedad es el TSPT. Cuando
un niño se expone o es víctima de
una situación catastrófica en la
que corre peligro su vida como un accidente de
tráfico o doméstico (incendio…),
un desastre natural (terremoto, inundación,
huracán), una muerte violenta en la familia,
un atentado terrorista, una guerra, o a una situación
crónica como un maltrato físico,
violencia doméstica, abusos sexuales, o
abuso psicológico, puede responder con
síntomas depresivos y con síntomas
de ansiedad característicos de TSPT. Este
tipo de situaciones agudas o crónicas pueden
afectar a cualquier familia de forma cercana o
a distancia, y afectan también a los niños.
Son cada vez más cercanas y variadas y
además gracias a la televisión,
contamos cada vez con imágenes más
gráficas de catástrofes lejanas.
Varios factores pueden afectar la respuesta de
un niño ante éste tipo de catástrofe:
*.- La forma en que los niños perciben
la respuesta de sus padres ante la catástrofe
es muy importante. Los padres deben admitir sus
preocupaciones a los niños, pero también
deben esforzarse en explicar su capacidad de resolver
la situación y seguir adelante.
*.- La “cantidad” de destrucción
y muerte que hayan presenciado, y la cercanía
de la catástrofe a su familia es muy importante.
Si un amigo o familiar ha muerto o ha sido herido
seriamente o si su colegio o su casa han sido
afectados es más probable que el niño
tenga síntomas.
*.- La edad del niño afecta a cómo
responderá a la catástrofe. Los
niños de 6 años pueden expresar
su preocupación o ansiedad rechazando ir
al colegio. Los adolescentes pueden negar sus
preocupaciones pero discutir más con los
padres sobre cosas de la vida diaria o empezar
a tener peores notas.
Los niños con éste trastorno a veces
creen que el suceso traumático está
sucediendo de nuevo (los llamados “flash-backs”
o reexperiencias del suceso) y repiten la catástrofe
en sus juegos. También tienen pesadillas
intensas sobre la catástrofe, sueñan
con monstruos o con otras situaciones en las que
ellos o sus familias sufren daños y deben
ser rescatados.
Aunque los síntomas pueden ocurrir poco
tiempo después del trauma, a veces afloran
varios meses después.
Los padres de niños que hayan sufrido
una catástrofe o hayan presenciado algún
acto muy violento deben estar alerta ante éstos
posibles cambios en el comportamiento del niño:
Rechazo a volver al colegio o no querer separarse
de los padres en casa; miedos persistentes relacionados
con la catástrofe; alteraciones del sueño
(pesadillas, gritos durante la noche, y orinarse
en la cama de forma repetida); pérdida
de concentración o irritabilidad; asustarse
o sobresaltarse fácilmente o estar inquieto;
problemas de conducta en el colegio o en casa
que no son típicos del niño; quejas
físicas (dolores de estómago, dolores
de cabeza, mareos) sin una causa física;
aislamiento de la familia y amigos, desinterés,
tristeza, disminución de la actividad,
y preocupación con el suceso catastrófico.
Los profesionales recomiendan que aquellos niños
que hayan sufrido una catástrofe sean atendidos
para prevenir y reducir en lo posible el riesgo
de ansiedad o TSPT. Cuando hay una catástrofe
en un colegio, o si la misma ha afectado a alguno
de los alumnos, se recomienda que los profesores
organicen clases donde cada niño hable
de lo que vio, lo que oyó y lo que pensó
durante la catástrofe, o cómo se
enteró de que algo malo había pasado
a sus compañeros. También deben
hablar de los miedos que tienen sobre lo que va
a pasar como consecuencia de la catástrofe.
Los niños más mayores pueden escribir
sus experiencias en redacciones o trabajos y luego
discutirlas con el grupo. Para niños más
pequeños, se recomienda que dibujen lo
que vieron, y luego lo expliquen. Esta labor debe
hacerse en un ambiente lo más cercano a
ambiente habitual del niño, y lo menos
clínico posible, por ello, la labor de
los profesores, tutores y padres es fundamental.
Martín
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